Alberto Cañas

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Miércoles 3 Septiembre, 2008

CHISPORROTEOS


Alberto F. Cañas

Me parece que el público y la crítica han aplaudido la puesta en escena de El Avaro de Molière que ha dirigido Leonardo Perucci digamos que para el Ministerio de Educación, digamos que para el público en general y digamos que como anuncio de una naciente Compañía Municipal de Teatro en San José. Las representaciones tienen lugar en el Teatro Variedades, y esto debe entusiasmarnos porque el Variedades es un edificio histórico, una entidad tradicional, el teatro más antiguo de San José, inaugurado en 1891, seis años antes que el Nacional.

Fue estrenado con la hoy olvidada opereta francesa La Mascota, música de Edouard Audran, a cargo de una compañía española de opereta y zarzuela, y tras ella siguieron muchas otras tanto del mismo género como de teatro hablado. Y a partir de 1897 no decayó, y hemos de creer que sus precios eran inferiores a los del Nacional, y que a él acudían los espectáculos que llegaban cuando el Nacional estaba ocupado.

Fue en el Teatro Variedades donde por primera vez se escuchó al tenor cartaginés Melico Salazar en San José, el 10 de junio de 1906, según parece (las informaciones no son del todo concretas) en la zarzuela Bohemios, música de Amadeo Vives, que era en ese momento el éxito mayor de Madrid; y dos meses después reincidió con la inevitable zarzuela de Emiliano Arrieta Marina, ya para entonces prácticamente clásica.

En 1909 se celebró en el Teatro Variedades la primera convención política que se recuerda, en la que fue escogido como candidato del Partido Republicano don Ricardo Jiménez, elegido luego para ocupar por primera vez la Presidencia de la República a partir de mayo del año siguiente.

Dedicado el Variedades de manera exclusiva a cine a partir de 1920, durante esa década exhibió preferentemente cine europeo. Y fue en el Variedades donde se estrenó el 23 de noviembre de 1930, la primera película costarricense: El Retorno, dirigida por Romolo Bertoni (director italiano con numerosa filmografía que se estableció en Costa Rica cuando contrajo matrimonio aquí), y producida por Mario Urbini, gerente del teatro en ese entonces, sobre un argumento de Gonzalo Chacón Trejos. Película silenciosa cuando ya el cine sonoro se había impuesto, pero cuya calidad fue muy apreciada por el público actual cuando hace algunos años sus propietarios, los señores Jinesta (que lo son también del teatro), la volvieron a exhibir con gran éxito. La empresa de los señores Urbini y Bertoni no siguió adelante porque el cine sonoro exigía nuevos equipos de muy alto costo que aquí no existían.

Leo ahora que en el curso de este mes de septiembre, habrá, supongo que por primera vez, una brevísima temporada de ópera en el Teatro Variedades: tres días con la breve obra de Puccini Sor Angelica, totalmente desconocida entre nosotros y una verdadera joya que en los últimos años ha cobrado mucha popularidad en Europa.

Teatro histórico éste, que ahora participa en la esperanza de que San José (al menos San José), tenga buen teatro de manera permanente, como lo tuvo por un buen rato hasta la crisis del petróleo allá por el 80, que somos el único país del mundo que no ha salido de ella.
 
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