China plantea amenaza pero no como la ve Trump
Hasta ahora, el debate sobre China en la campaña presidencial se ha centrado en el daño causado en el pasado. Mientras los candidatos no se concentren en el futuro, sus estrategias para China inevitablemente serán insuficientes. Bloomberg/La República
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 Tanto Hillary Clinton como Donald Trump han impulsado sus campañas apelando, en parte, a los perdedores de la globalización.
Los obreros estadounidenses que vieron cómo se contraían sus salarios y los empleos desaparecían en el exterior respondieron fuertemente a las palizas de Trump contra China y a las suspicacias recientemente descubiertas por Clinton con respecto al libre comercio.
La realidad es, empero, que ninguno de los candidatos volverá a traer los empleos industriales a Estados Unidos.
Y de hecho, concentrándose en las pérdidas pasadas, quienquiera que sea el próximo presidente estadounidense estará ignorando la verdadera amenaza planteada por la próxima fase de la globalización: a los empleos administrativos.
En 2001, el año en que China ingresó a la Organización Mundial de Comercio, el país ostentaba 162 millones de trabajadores industriales. Los salarios promedio flotaban en torno de los 60 centavos la hora.
Como era de esperar, en ese momento las compañías estadounidenses se apresuraron a trasladar sus operaciones al exterior: a medida que crecían las exportaciones chinas, caía el empleo industrial estadounidense, perdiendo 5 millones de empleos entre 2000 y 2015. Otros países de ingreso alto sufrieron disminuciones similares.
El vaciamiento de la base industrial estadounidense ha contribuido a los niveles más altos de desempleo, al estancamiento de los ingresos y a la desigualdad. Esto generó una escasez crónica de demanda.
También se vio alimentado por una rabia populista que ha escandalizado a la dirigencia política estadounidense.
Sin embargo, esta primera onda de choque de China podría estar comenzando a disiparse. Después de alcanzar un pico en 234 millones en 2012, el total de trabajadores industriales de China actualmente se está contrayendo.
La segunda onda podría tener un impacto aún mayor. En el último decenio, China ha producido cerca de 60 millones de graduados universitarios. Para 2030, el Banco Mundial supone que habrá hasta 200 millones —más que todos los trabajadores estadounidenses. Se sumarán a los de India y América Latina en un mercado global cada vez más multitudinario en busca de capacidad intelectual.
Las barreras tanto prácticas como comerciales hacen que haya algunas áreas en las que los trabajadores profesionales chinos no incursionarán mayormente a nivel global.
Pero en muchas otras —desde hacer los cálculos necesarios en una estrategia de comercialización, hasta escribir un código o revisar radiografías- parte del trabajo ya está siendo subcontratado y esto crecerá.
 



 


 



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