Miguel Angel Rodríguez

Miguel Angel Rodríguez

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Lunes 29 Abril, 2013

No podemos seguir dependiendo de la inversión externa, de las zonas francas, del empresariado y la iniciativa extranjeros


Disyuntivas

A distintas y menores velocidades

Recién se celebraron las reuniones de primavera del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial. Las expectativas de crecimiento de la economía mundial disminuyen.
El FMI baja de 3,5 a 3,3% la expectativa de crecimiento del PIB mundial para este año y mantiene en 4% la esperada para el año entrante. Esto se debe a una disminución de 0,1 en el crecimiento de los Estados Unidos, de 0,2 en la Zona del Euro, y de 0,1 puntos en los países emergentes. El 20 de marzo la Unidad de Análisis de The Economist también había bajado su proyección global de crecimiento a 3,3.


Hay dos novedades en la presentación de la Directora Gerente del FMI. Primera, el concepto de tres velocidades de crecimiento y ya no de la baja de los países ricos y la alta de los países emergentes y en desarrollo. Así los países en desarrollo y emergentes aunque bajarán su tasa de crecimiento la mantienen muy elevada en comparación con los países más desarrollados, pero en este último grupo los Estados Unidos a pesar de su ajuste fiscal —incluso muy fuerte para esta coyuntura— de 1,8% del PIB, crecerá a un 1,9% mientras la Zona del Euro decrecerá un 0,3%. La segunda novedad radica en el nuevo énfasis que el FMI puso en la necesidad de estimular el crecimiento y crear puestos de trabajo.
La declaración del FMI al terminar la reunión de primavera con el Banco Mundial indica: “Se necesita una combinación amplia de políticas para encauzar la economía mundial por una senda de crecimiento sostenido y equilibrado contra el telón de fondo de una recuperación mundial desigual”.
Según el FMI América Latina y el Caribe disminuyen la expectativa de crecimiento en 0,3 puntos con una tasa esperada de 3,4%, pero siempre se espera que crezcan más que en 2012 y que para 2014 puedan acelerar a 3,9%. Ese crecimiento es insuficiente ante las expectativas de mejoría que tiene la población de nuestro hemisferio.
El Banco Mundial ante este panorama señala: “El formidable viento externo que favoreció el sólido crecimiento económico y la inclusión social en Latinoamérica y el Caribe (LAC) en la última década se debilita. Un nuevo contexto internacional, con liquidez en exceso, menor crecimiento de China, una débil actividad económica y un elevado nivel de deuda pública en el mundo desarrollado, apunta a la necesidad de que América Latina deberá hacer más por sí misma para volver a las tasas de crecimiento registradas en la última década”.
Y agregó el jefe economista para ALC: “el eje de las políticas se está desplazando de los motores de crecimiento externos a los internos, y de la preocupación por la estabilidad macro y financiera a reformas que estimulen el crecimiento. A medida que la situación internacional se debilita, la capacidad de los países latinoamericanos de crecer por encima de 3,5 por ciento depende fundamentalmente de sí mismos”.
Pongamos la barba en remojo. Nosotros no podemos seguir dependiendo para siempre de la inversión externa, de las zonas francas, del empresariado y la iniciativa extranjeros. Requerimos resolver los problemas y distorsiones fiscales, monetarias, cambiarias, del sector financiero y establecer los estímulos al empresariado y a la formación de capital humano y físico que nos permitan aumentar la productividad y así acelerar nuestro crecimiento con esfuerzo propio.