1978-2014
Hay muchas semejanzas entre 2014 y 1978. Teníamos y tenemos varios años de acumular un serio déficit fiscal
Hay muchas semejanzas entre 2014 y 1978. Teníamos y tenemos varios años de acumular un serio déficit fiscal
Disyuntivas
El viernes trasanterior tuve el gusto de participar en una mesa redonda de nuestra Escuela de Economía de la UCR, en compañía de don Eduardo Lizano y don Federico Vargas y con ocasión de celebrar los 50 años de profesorado de este último. Rememoramos la crisis de inicios de los ochenta, y en la conversación hubo constantes comparaciones con la situación actual.
Es provechoso aprender de lo vivido. Por eso celebré que el Vigésimo Informe del Estado de la Nación también se refiera a esas circunstancias y a su influencia en el desarrollo durante la veintena 1994-2014.
Hay muchas semejanzas entre 2014 y 1978. Teníamos y tenemos varios años de acumular un serio déficit fiscal. La deuda pública total y la externa estaban y están creciendo. El ahorro interno generado era y es magro. Había y hay poco incremento en la productividad. El gobierno era y es gastón e ineficiente. Los gastos corrientes del gobierno eran mayores a los impuestos, y por ello nos endeudábamos para lo ordinario y no para invertir. (Por cierto, el XX Informe del Estado de la Nación se equivoca y afirma lo contrario). El modelo de protección estatal y de intervención gubernamental había perdido su brío inicial, era muy ineficiente y pedía ser relevado.
Ahora el modelo de promoción de exportaciones y atracción de inversión extranjera requiere ser cambiado por uno basado en la eficiencia y la productividad, también de los sectores de producción para el mercado interno y del sector público.
Pero, a la vez, en finanzas y producción hay importantes diferencias. Entonces teníamos un gobierno mandón, pulpero y empresario que nos resultaba carísimo. Las intervenciones regulatorias no solo prohibían exportar algunos productos, sino que incluso obligaba a los productores a venderlos a determinados compradores.
El CNP con sus estancos compraba a precios por encima del mercado y vendía con pérdidas cuyo costo pagaban todos los consumidores con la inflación que generaban los créditos no pagados al BCCR. Las empresas de Codesa (la cabeza del estado empresario creado en los setenta y que lamentablemente no figura entre las causas y costos de esa crisis en el XX Informe de Desarrollo Humano) causaron pérdidas por $267 millones (alrededor del 7% del PIB de 1979).
En el campo político y de la sociedad civil —con una estructura muy diferente— sufríamos en ese tiempo —al igual que hoy— grandes dificultades para tomar decisiones.
Los sectores defendían sus intereses inmediatos sin considerar los de mediano y largo plazo, y aunque entonces 52 diputados pertenecían a solo dos partidos, pronto el ejecutivo quedó sin apoyo legislativo.
El resultado fue que en lugar de optar por un plan de estabilización, o mejor aún por uno de estabilización con reestructuración de la economía, creyeron algunos actores que se podría navegar sobre la cresta de la ola de crédito externo alimentada por petrodólares.
Pero cuando los acreedores vieron que no había capacidad de pago, se secó la ola y nos cayó encima la dolorosísima crisis de esa época.
De que los gobernantes sepan estructurar un plan para atender la necesidad actual y los sectores sociales sepan leer sus verdaderos intereses, depende que no sigamos el mismo camino, que es especialmente cruel para los más pobres.
Miguel Ángel Rodríguez