Aracelli Cardozo
Socia Líder de Auditoría y Assurance de Deloitte Centroamérica, Panamá y República Dominicana
La calidad de la información financiera nunca había sido tan relevante como hoy.
Las organizaciones operan en un entorno marcado por la volatilidad económica, la transformación digital, las nuevas exigencias regulatorias y una creciente demanda de transparencia por parte de inversionistas, reguladores, entidades financieras y otros grupos de interés. En este contexto, la información financiera dejó de ser únicamente un mecanismo de cumplimiento para convertirse en una herramienta estratégica para la toma de decisiones.
Precisamente por ello, la entrada en vigor de la Norma Internacional de Información Financiera 18 (NIIF 18, o IFRS 18 por sus siglas en inglés) representa uno de los cambios más importantes de los últimos años en materia de presentación y revelación de estados financieros. La norma sustituirá a IAS 1 y busca mejorar la forma en que las organizaciones presentan y comunican su desempeño financiero, en respuesta a las necesidades de los usuarios de la información financiera identificadas por el International Accounting Standards Board (IASB).
Aunque a primera vista podría percibirse como una actualización técnica, su alcance va mucho más allá.
IFRS 18 introduce nuevas categorías para la clasificación de ingresos y gastos, incorpora subtotales obligatorios en el estado de resultados y establece requerimientos específicos para las denominadas Medidas de Desempeño definidas por la Administración. El objetivo es facilitar una mejor comprensión del desempeño financiero y fortalecer la comparabilidad entre organizaciones.
La relevancia de estos cambios radica en que los mercados necesitan cada vez más información que sea consistente, transparente y comprensible. Cuando las empresas comunican adecuadamente sus resultados, generan mayor confianza entre los inversionistas, fortalecen el diálogo con sus grupos de interés y cuentan con mejores elementos para respaldar sus decisiones estratégicas.
Desde nuestra experiencia trabajando con organizaciones de múltiples industrias en Costa Rica, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Panamá y República Dominicana, observamos que la confianza se construye a partir de información clara y oportuna. En estos mercados, las empresas comparten el desafío de responder a mayores expectativas de transparencia y comparabilidad. Las organizaciones que logran explicar de forma efectiva cómo generan valor, cuáles son sus resultados y qué factores impulsan su desempeño suelen estar mejor preparadas para enfrentar períodos de incertidumbre y aprovechar oportunidades de crecimiento.
Por ello, la adopción de IFRS 18 no debería verse únicamente como un ejercicio de cumplimiento regulatorio. También representa una oportunidad para revisar procesos, fortalecer la gobernanza de la información financiera y mejorar la manera en que las organizaciones comunican su historia de negocio.
Uno de los aspectos más relevantes será la necesidad de anticiparse. Aunque la norma será aplicable para los ejercicios anuales que comiencen a partir del 1 de enero de 2027, las compañías que inicien su preparación con suficiente tiempo estarán en una mejor posición para evaluar impactos, adaptar sistemas, revisar indicadores de desempeño y capacitar a sus equipos.
La transición requerirá una estrecha colaboración entre las áreas financieras, de reporte, tecnología, cumplimiento y liderazgo ejecutivo. No se trata únicamente de modificar formatos de presentación, sino de comprender cómo estos cambios pueden influir en la interpretación de los resultados por parte de inversionistas, entidades financieras y otros usuarios de la información.
En una economía donde la confianza se ha convertido en un activo estratégico, la transparencia financiera adquiere una importancia creciente. IFRS 18 ofrece una oportunidad para fortalecer esa confianza mediante una comunicación más efectiva y una visión más clara del desempeño empresarial.
Las organizaciones que asuman este proceso como una oportunidad de transformación, y no únicamente como una obligación normativa, estarán mejor preparadas para responder a las expectativas del mercado y generar valor sostenible en el largo plazo.
Porque, al final, detrás de cada estado financiero existe una historia que contar. Y mientras más clara, consistente y transparente sea esa historia, mayores serán las oportunidades de construir relaciones de confianza duraderas con todos los grupos de interés.





































