Durante los últimos años, la Administración Tributaria ha experimentado una importante transformación al incorporar la digitalización de sus procesos. La implementación de la facturación electrónica y el proyecto Hacienda Digital han permitido que la Dirección General de Tributación (DGT) disponga de una mayor información para poder identificar riesgos de incumplimiento y optimizar la gestión de los tributos.
Como parte de esta modernización, el Ministerio de Hacienda presentó una propuesta de reorganización administrativa parcial de la Dirección General de Tributación (DGT) bajo un modelo de gestión tributaria por procesos, basado en una metodología de riesgos de cumplimiento. Dicha propuesta fue analizada por el Ministerio de Planificación Nacional y Política Económica (MIDEPLAN) la cual, tras verificar el cumplimiento de los requisitos establecidos en la normativa vigente, emitió el documento CARTA-MIDEPLAN-DM-0621-2025, en donde se aprobó formalmente la nueva estructura organizacional de la DGT, marcando el inicio de una transformación administrativa.
Entre los cambios más relevantes, destaca la sustitución del modelo de Administraciones Tributarias Territoriales (ATT), bajo el cual la fiscalización se organizaba según la ubicación geográfica de los contribuyentes. En su lugar, se adopta un modelo a nivel nacional que permita valorar los riesgos de incumplimiento tributario y así definir tratamientos a dichos riesgos, utilizando como insumos los indicadores relacionados con los impuestos administrados por la DGT, el tamaño del contribuyente, los sectores y las actividades económicas. Asimismo, la reorganización incorpora nuevas direcciones, subdirecciones, departamentos y unidades como:
- Dirección de Inteligencia Tributaria.
- Dirección de Cobranza.
- Departamento de Normas y Procedimientos de Trámites Especiales.
- Unidades Resolutivas de Deberes Formales.
Resulta importante destacar que esta reorganización no modifica el régimen tributario ni crea nuevas obligaciones para los contribuyentes; lo que cambia es la forma en la que las competencias de la Dirección General de Tributación (DGT) se organizan a nivel interno, es decir, esto podría traducirse en una Administración Tributaria con mayores capacidades para detectar incumplimientos, fortalecer los procesos de fiscalización y cobranza, así como para mejorar la eficiencia de sus servicios.
En conclusión, la aprobación de la reorganización administrativa de la Dirección General de Tributación (DGT) representa un paso significativo en el proceso de modernización de la Administración Tributaria, así como un reto de adaptación dentro de la institución. Más que una modificación, esta reforma cambia el rumbo de la gestión tributaria, sin embargo, el verdadero alcance de esta transformación dependerá de la capacidad del Ministerio de Hacienda para implementar de manera efectiva la nueva estructura y lograr fortalecer el control tributario y mejorar la calidad de los servicios ofrecidos a los contribuyentes.
Natasha Ramos, Grant Thornton





































