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Sembrar vida, no muerte


Un estudio realizado muestra la debilidad existente en el país en cuanto al uso de anticonceptivos y, según se desprendería de dicha investigación, uno de cada tres seres humanos en estado prenatal nunca verá la luz del sol en Costa Rica.

El dato es el resultado de una investigación financiada por un fondo pro aborto, pero puesta en duda por la Asociación para la Defensa de la Vida, debido al método utilizado para llegar a esas conclusiones.

Los investigadores utilizan una fórmula para inferir la cantidad de muertes inducidas. Para ello consideran un 70% de las consultas atendidas de aborto, es decir 8.086, cifra que se multiplica por 3,37 (coeficiente tomado de una ecuación empleada por el Instituto Allan Guttmacher), según publicación de ayer en LA REPUBLICA.

El número de 27 mil muertes de fetos por año se logra mediante datos de los registros médicos de los centros de salud del país y de “percepciones” de profesionales relacionados con la obstetricia o la ginecología.
Más allá de la polémica y de buscar un culpable, pareciera que la sociedad como tal, gobernantes y ciudadanos deberían tomar conciencia acerca del aborto como una realidad en un país que, a pesar de ello, se caracteriza ya en el mundo por la frase “Pura vida” y por conservar la naturaleza, de la cual el ser humano forma parte.

¿Vivir “Pura vida” o sentirse “Pura vida” incluye la posibilidad de acabar con la vida de otros? Porque resulta que cada vez más hemos permitido que la violencia acabe con la vida del prójimo, en estado fetal o ya respirando el aire de nuestro maravilloso país y disfrutando de nuestra naturaleza. La violencia crece en Costa Rica y el resultado es muerte.

Cada quien tiene su cuota de responsabilidad en esto. Gobernantes, padres y madres de familia, educadores, guías espirituales y todo el que haya contribuido de un modo u otro al desarrollo de una cultura en la cual las personas se permiten concebir a un ser humano con ligereza e irresponsabilidad y luego acaban con esa vida.

¿La Costa Rica protectora de la naturaleza no protege la vida de esa parte de ella que constituye la especie humana? ¿Arranca el arbolito recién sembrado?

No pareciera tener coherencia lo que decimos con lo que hacemos. Estar “Pura vida” no puede ser vivir irresponsablemente. Debería ser, por el contrario, amar mucho la vida y crear la conciencia desde la más tierna infancia de que si se siembra vida, en cualquiera de sus formas, incluida la especie humana, se le debe cuidar y proteger por encima de todo.
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