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Lunes 23 Septiembre, 2013

¿Qué aprender del hundimiento?

El hundimiento en la circunvalación llegó sin avisar. Genera un caos vial todos los días, porque encontró un país que lleva años postergando la tarea de construir un sistema de transporte público moderno, inteligente y orientado hacia el usuario; con la capacidad para atender este tipo de inconvenientes.
Es un hecho que el desorden vial dejará pérdidas millonarias; por demoras en la movilización del recurso humano, materias primas y productos terminados.
Pero hay que celebrar el hundimiento en la circunvalación si nos lleva a tomar decisiones para que el país, finalmente, se tome en serio el tema de la infraestructura vial y el transporte público como punta de lanza de su estrategia de desarrollo.
Costa Rica tiene expertos, ideas y propuestas; lo que ha faltado es contundencia durante los últimos 20 años para emitir reglas orientadas a construir un sistema de transporte público eficiente. La pregunta es, ¿por qué nadie se anima a cambiar el statu quo de este sector? ¿Serán acaso favores hacia algunas compañías, que no es de extrañar, financian las campañas políticas?
La solución al corto plazo es obligar a los usuarios a guardar sus automóviles, pero justa razón tienen al reprochar esa medida. Porque la alternativa es un sistema de transporte público ineficiente, caro, incómodo, inseguro y estresante.
El MOPT, la ARESEP y el Consejo de Transporte Público (CTP) cargan con la responsabilidad de esta situación, porque durante años no han exigido los cambios que el país necesita. Para muestra un botón, la renovación de concesiones para transporte público del próximo año aplicará los mismos criterios de 2007; obviando aspectos como el cobro electrónico, mejoras en la accesibilidad de las unidades, o flotillas verdaderamente amigables con el ambiente, que reemplacen los combustibles fósiles por fuentes alternativas.
Pero el hundimiento en la circunvalación obliga al país a tomar medidas que ojalá sigan operando para evitar el caos vial y el consumo desmedido de hidrocarburos. Como mejoras en los sistemas de transporte colectivo para invitar, y no forzar, a los usuarios a guardar sus automóviles durante traslados habituales. La planificación inteligente de los horarios de trabajo y el aprovechamiento de más horas luz durante ciertas épocas del año. Así como una política nacional que no solo invite, sino que premie a las empresas que impulsan el teletrabajo.
Al largo plazo, aumentar la flotilla y comprar buses nuevos (aunque sigan operando con diesel), no es la única dirección a la que debería apuntar el país. La Gran Área Metropolitana es muy pequeña como para no tener una red interconectada de transporte público, y no la lluvia de concesiones que existe actualmente.
Se necesita una reubicación inteligente de paradas, con sistemas de transbordo y cobros electrónicos; cuyo resultado final será una infraestructura de movilización más eficiente. Sin olvidar una mejora de los espacios públicos, que les permita a los usuarios caminar cómodamente durante transbordos o trayectos en la ciudad. Iniciativas que se traducen al largo plazo, en una mejor salud física y mental de los ciudadanos.
Estas medidas no se dejan a la libre de las empresas y entidades del sector, como pretende el CTP, se exigen como parte de una estrategia nacional para mejorar la calidad de los servicios públicos. Reparar el paso sobre circunvalación es un esfuerzo minúsculo, comparado con la tarea de modernizar el sistema de transporte público nacional, para que el próximo hueco, no nos tome desprevenidos.

Estiven González Jiménez

Analista de Política Energética y Relaciones Internacionales
[email protected]