Por: Michelle Miranda Fallas
Especialista del Segmento Empresarial y líder del Programa BN Mujer
Recuerdo bien las noches en que me tocaba revisar presentaciones o presupuestos, después de dormir a mi bebé en mi regazo, retomaba mis labores, movida por la pasión que me impulsaba y que no quería dejar ir. Las decisiones importantes, tanto familiares como laborales, no esperaban a que el día tuviera más horas. Esa es una experiencia que compartimos muchas madres: el reto de equilibrar responsabilidades, y seguir dando lo mejor en todos los frentes, mientras cuidamos de nosotras mismas en el proceso.
Mi hija está creciendo y la maternidad me reafirmó el tipo de banca que debemos fortalecer: una que comprenda que las mujeres no solo necesitan oportunidades, sino condiciones reales para progresar, sin tener que elegir entre su desarrollo profesional y su vida personal.
BN Mujer nació hace 15 años con ese espíritu. No fue una medida superficial ni de corto plazo. Fue, y sigue siendo, un programa robusto que busca derribar las barreras que enfrentan las mujeres al emprender o liderar pequeñas y medianas empresas.
Más de 1,3 millones de mujeres han recibido apoyo a través de este programa. Y cuando decimos apoyo, no hablamos únicamente de financiamiento. Hablamos de asesoría especializada, acompañamiento personalizado y capacitación constante. Hablamos de abrir espacios para que más mujeres puedan formalizar sus negocios, fortalecer sus capacidades empresariales y tomar decisiones con información y respaldo técnico.
Solo en el 2024, destinamos más 222 000 millones en financiamiento de proyectos en manos de mujeres de los cuales 45 900 millones corresponden a actividades productivas. Son cifras que reflejan compromiso, pero también una forma de hacer banca con propósito. Porque invertir en mujeres no es solo cerrar brechas: es abrir caminos. Y hacerlo con este enfoque integral es también apostar por la sostenibilidad: por un modelo de desarrollo que genera impactos duraderos en las personas, sus negocios y sus comunidades.
Lo vemos en historias como la de Jenny Vargas, madre y mecánica automotriz en San Ramón, quien con el respaldo del programa se especializó en vehículos híbridos y eléctricos y lidera hoy su propio taller. O Fiorella Marín, madre y agricultora en Upala, quien convirtió su finca en la empresa Plátanos Zamarín, generando empleo local y transformando su comunidad.
Hoy, en el marco del Día de la Madre, pienso en todas esas mujeres que todos los días combinan el rol de cuidadoras con el de emprendedoras o profesionales. Mujeres que, como tantas veces me ha tocado a mí, resuelven, acompañan, crean, gestionan.
Desde el Banco Nacional, sabemos que apoyar ese esfuerzo no puede limitarse a brindar financiamiento. Por eso, desde BN Mujer, creamos una relación que acompañe el crecimiento de cada emprendedora con formación, asesoría y respaldo constante.
Porque cuando una mujer logra desarrollar su proyecto sin dejar de lado lo que también le importa, ganamos todos. Una economía con más mujeres participando activamente es una economía más fuerte, más justa y con mayor bienestar para el país entero.




































