Es realmente inconcebible que el grupo ICE, en defensa de sus intereses monopólicos, se resista a recibir de sus abonados generando energía eléctrica de manera distribuida, una suma millonaria en energía vertida en exceso a su red.
Afirmo lo anterior por cuanto quienes han recibido del grupo ICE una carta machota que los conmina por escrito, so pena de desconexión del servicio, a desconectar su miniplanta solar, por considerarla que se encuentra en operación informal, es decir, sin haberla registrado con dicho ente.
¿Y cómo la gente del ICE descubre esa operación supuestamente informal? Muy sencillo, lo hace gracias a la inmensa inversión que efectuó hace algunos años, sustituyendo los medidores eléctricos analógicos, de agujitas, por los modernos digitales de pantalla con números. Esos medidores son programados para que emitan una alarma cada vez que se dé una reversión de la corriente que le llega al abonado. Una corriente negativa indica que el abonado está vertiendo energía en exceso desde su planta solar hacia la red del ICE.
Ese vertido es, por lo general, muy común a las horas de máxima radiación solar, es decir, de las 10 a. m. a las 2 p. m. Precisamente a las horas en que las máquinas de generación del ICE están produciendo energía del más alto costo. A ese costo se le llama el costo marginal y podría en verano llegar a alcanzar del 200 % al 300 % del costo promedio de la generación a horas valle o de menor demanda energética.
¿Y entonces por qué el ICE rechaza el aporte de los abonados prosumidores, es decir, de aquellos que están generando energía en exceso a su autoconsumo, la cual reduciría sus costos de generación en horas pico del mediodía?
Lo anterior se da precisamente porque, a mayor generación distribuida en horas pico, menor será la generación centralizada por el grupo ICE, reduciendo con ello los costos de búnker en el verano y de agua represada en invierno y en meses de transición.
¿Y a cuánto podría llegar a ascender el valor de ese rechazo de energía que hace el ICE?
Si asumimos que todo abonado generador vierte a la red un promedio de 1 kWh durante 2 horas al día, eso significa que el total del vertido anual sería de (2 kWh × 365 días) 730 kilovatios hora, los cuales a tarifa vigente valen US$ 43,80 dólares o 22 380 colones.
Si actualmente hay un estimado de 50 000 generadores distribuidos, el valor anual de la energía que vierten a la red es de US$ 2 190 000.
Ese monto podría ser 10 veces superior si el objetivo de la Ley 10 086, el de promoción y estímulo al uso de las fuentes renovables de energía, no hubiese sido convertido en desestímulo y penalización por el reglamento que elaboró la ARESEP para la operación de esas miniplantas.
En pocos años, esa contribución de los abonados al SEN y a la disminución de las tarifas eléctricas pudo haber llegado a los 21 millones de dólares por año.
Entonces, la única respuesta que explica el rechazo del grupo ICE a ese ahorro de dinero que todos pagamos en tarifas, reside en una defensa a ultranza de los intereses económicos y del usufructo que hacen los empleados del ICE, gracias al monopolio del que goza esa actividad productiva.
Lo anterior explica de manera lógica el porqué los sindicalistas y funcionarios del grupo ICE se opusieron a rajatabla a la aprobación de la Ley 10 086 y luego torpedearon ante la ARESEP la posibilidad de que el reglamento que regularía el propósito de la ley fuese en favor del abonado, con un simple neteo de la energía vertida durante el máximo costo marginal por energía devuelta en horas de menor costo marginal.
Los tiempos cambian y llegará el momento en que alguien sinceramente comprometido con los intereses del país comprenderá el impacto económico del alto monto que el ente rechaza anualmente y solicitará a la ARESEP un nuevo reglamento que le facilite recibir excedentes gratis y de menor costo que los que genera en esas horas al mediodía.
Ricardo Trujillo Molina MScEE
gerencia@fibrotel.cr





































