Miguel Angel Rodríguez

Miguel Angel Rodríguez

Enviar
Lunes 4 Enero, 2016

Mantener la unidad que deparó el triunfo electoral, y buscar el balance entre los remedios políticos y los económicos, es el gran reto que enfrenta la nueva Asamblea Nacional en Venezuela

Democracia, libertad y bienestar en Venezuela

El triunfo electoral contundente de la oposición en Venezuela abre un camino para enfrentar los graves problemas que sufre ese hermano país. Pero es un camino muy escabroso.
La concentración total del poder en su caudillo, efectuada por el populismo del “socialismo del siglo XXI” ha llevado a una pertinaz violación de los derechos humanos que se muestra con especial dolor en los presos políticos: los alcaldes Leopoldo López, Antonio Ledezma, Daniel Ceballos, Manuel Rosales y 78 jóvenes. El derroche de la extraordinaria renta petrolera y medidas absurdas de intervención en la economía ($1 compra la gasolina de un año para un automóvil, el tipo de cambio negro es 120 veces el oficial) han conducido al empobrecimiento de la población (70%) y al desabastecimiento de los bienes esenciales. El uso de la violencia como arma política ha contribuido a convertir Venezuela en el segundo país con mayor proporción de homicidios
Esos problemas no desaparecieron el lunes posterior a esas elecciones, ni desaparecerán mañana cuando inicie sus funciones la nueva Asamblea Nacional con más de dos tercios de parlamentarios de oposición.
Y como ahora cohabitaran dos visiones políticas no solo distintas sino opuestas, requieren el chavismo y la oposición actuar con mucho patriotismo, paciencia y perseverancia para poder enfrentar y resolver tan graves circunstancias.
Hace las cosas aún más difíciles que el poder chavista haya tomado diversas medidas para reducir las competencias que constitucionalmente corresponden a la Asamblea Nacional, e impedir que funcione la nueva integración de los órganos estatales.
Con posterioridad a esa elección se creó un parlamento comunal sin sustento constitucional, entregándole espacios físicos de la Asamblea Nacional que entrará en funciones, y a la cual se trata de arrebatarle competencias.
Se nombró Defensora de los Habitantes a la jueza que, sin consideración al debido proceso, impuso una pena de casi 14 años de prisión —por política— a Leopoldo López.
Se corrió a nombrar y juramentar a 13 magistrados principales y 21 suplentes del Tribunal Supremo de Justicia por un pretendido período de 12 años, para lo cual se aprobaron jubilaciones anticipadas de miembros anteriores.
Y para colmo de males se presentan 6 impugnaciones ante la Sala Electoral del TSJ —que estaba en receso— contra elección de diputados de la oposición. Quienes han tenido el control del proceso electoral con 4 de los 5 rectores de ente electoral; quienes han abusado del estado, sus recursos y la capacidad de crear miedo; quienes han monopolizado los medios de comunicación pretenden con sus impugnaciones y medidas cautelares impedir que la oposición tenga la mayoría calificada de la Asamblea Nacional. Y la Sala Electoral ya ordenó suspender de manera preventiva e inmediata a tres diputados oposicionistas de Amazonas, lo que la oposición no respetará.
Estas acciones conducirán al parlamento a tratar de recuperar sus poderes creando un enfrentamiento con los órganos en manos del chavismo.
Algunos sectores de la oposición privilegian acciones políticas de la Asamblea para liberar los presos políticos y recuperar la vigencia de los derechos humanos. Otros en cambio, dan prioridad a medidas económicas para resolver los serios problemas del abastecimiento y del empobrecimiento.
Sin duda ambos tipos de medidas son urgentes y se necesitan recíprocamente.
Mantener la unidad que deparó el triunfo electoral, y buscar el balance entre los remedios políticos y los económicos, es el gran reto que enfrenta la nueva Asamblea Nacional en Venezuela.

Miguel Ángel Rodríguez