Emilio Bruce

Emilio Bruce

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Viernes 31 Octubre, 2014

No debe el país firmar concesiones y acuerdos sobre los que no hay una firme mayoría respaldándolos ya que luego tiene un costo transformarlos


Sinceramente

De sindicatos, huelgas y justicia social

Todas las asociaciones constituidas por los ciudadanos para promover sus intereses y para defender sus convicciones son excepcionalmente convenientes para la democracia y para la existencia de frenos y contrapesos políticos y sociales.
Es absolutamente legítimo y conveniente que los trabajadores se organicen para buscar la mejora en las condiciones suyas de trabajo y de vida.


Sería absolutamente inconcebible una democracia funcional sin la existencia de sindicatos, asociaciones mutualistas de ahorro y crédito, de cámaras empresariales, de asociaciones o guildas artesanales y de oficios. La justicia social es bien servida por los sindicatos que buscan la mejora y la promoción de sus agremiados.
Los sindicatos son un fenómeno nacido de los procesos democráticos. Luego vendrían los sindicatos comunistas que buscarán la destrucción del sistema democrático y de sus “enemigos de clase”, las huelgas con intenciones revolucionarias y desestabilizadoras. La destrucción de las instituciones y de las empresas con exigencias abusivas y desproporcionadas es parte de su misión antisistema.
En Costa Rica los sindicatos democráticos han sido los más importantes y más vigorosos. Gradualmente hemos podido observar cómo los dirigentes de los mismos se han ido politizando y la cara y la voz de Sintrajap aparece en las redes sociales con la camiseta de su partido.
La presente huelga de Sintrajap lejos de ser en procura de mejoras en las condiciones salariales y laborales de los miembros del sindicato tiene claros objetivos ideológicos. Este a mi juicio es un síntoma trascendental ya que muestra la cara disimulada de algunos neomarxistas en la utilización de los sindicatos costarricenses legítimos como herramientas políticas.
Los asuntos políticos se resuelven en la Asamblea Legislativa y en otras instancias, no en huelgas de sindicatos ideológicos, herramienta de sus partidos políticos.
Creo que el Gobierno de la República no ha solicitado la ilegalidad de la huelga. Creo que ha mostrado firmeza en la operación del puerto. Contradicciones se han podido apreciar entre lo dicho y lo hecho, así el Presidente señala que el contrato con APM está firmado y se respeta, pero su ministro de la Presidencia, obispo Melvin Jiménez, envía nota a APM renegociando el contrato.
No debe el país firmar concesiones y acuerdos sobre los que no hay una firme mayoría respaldándolos ya que luego de firmados tiene un costo transformarlos.
No debe el país forzar algunas reformas, proyectos y construcciones que no hayan sido entendidos y aceptados en su conveniencia por el país. Las conveniencias de un sector no necesariamente son percibidas como tales por otro.
No es dable que por vía de la huelga se resuelvan asuntos que son de elecciones y resolución legislativa. Es condenable la politización e instrumentalización de los sindicatos por los partidos políticos cualquiera sea este su signo.
Costa Rica debe retomar la senda de las decisiones mayoritarias, de la transparencia, de la institucionalidad.

Emilio Bruce

Profesor
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