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Cuidado con los agrotóxicos

Agroquímicos proscritos por la Organización Mundial de la Salud (OMS) siguen importándose al país y utilizándose en la producción de verduras y frutas, a pesar de ser causantes de enfermedades como el cáncer y otras, además de afectar al ambiente y, desde luego, a quienes trabajan en los sembradíos.
Este atentado contra la salud de quienes vivimos en este país, se produce porque pesticidas prohibidos y otros de uso restringido siguen utilizándose en la producción e incluso se ha incrementado en los últimos diez años el empleo de algunos de toxicidad aguda, alta y extrema, según lo informa LA REPUBLICA hoy.
El mismo reportaje indica que además existe presencia de residuos tóxicos en agua y aire, lo que incrementa el riesgo de contaminación de los ecosistemas acuáticos, tanto superficiales como subterráneos.

A pesar de estar enfermando a la población y de que esto ha sido denunciado por la Contraloría General de la República, que hace tres años declaró obsoleto el reglamento para registro de esos productos, las acciones para corregir el grave problema mediante el nuevo reglamento publicado en enero de este año, se encuentran paralizadas por un recurso de amparo interpuesto y sin resolver aún por parte de la Sala IV.
La situación es seria. La población está consumiendo, por ejemplo, productos como apio, lechuga, tomate, repollo, coliflor, chile dulce, fresa y zanahoria, con residuos de Mancozeb, el principal fungicida importado y con mayor presencia residual, catalogado como cancerígeno que afecta a la tiroides y al sistema digestivo en humanos y es altamente tóxico para organismos acuáticos, según la OMS.
Los llamados Contaminantes Orgánicos Persistentes, deberían estar desapareciendo en el país, según el Convenio de Estocolmo, firmado por nuestra Asamblea Legislativa. Sin embargo, según el mencionado informe, la fiscalización sobre ellos se mantiene paralizada a pesar de que pueden generar en humanos defectos congénitos, anormalidad y disfunción de la tiroides, afectación del sistema inmunológico y desarrollo de cáncer, entre otros daños al ambiente.
Frente a este panorama, se sabe que agricultores como los de la Asociación de Pequeños Productores de Talamanca cultivan rentablemente en armonía con la naturaleza. Un ejemplo del tipo de agricultura orgánica que debe ser estimulada y motivada por el Estado, la empresa privada y los consumidores.
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