Tomas Nassar

Tomas Nassar

Enviar
Jueves 12 Junio, 2008

VERICUETOS
"Cuchillo para su pescuezo"

¿Cuáles son los verdaderos intereses de los dirigentes sindicales de Japdeva y cuáles los de los líderes de las “fuerzas vivas” de la región?
¿Por qué los primeros insisten en llevar a la institución a la quiebra con exigencias imposibles de atender y por qué los segundos se lo permiten?
¿Por qué los políticos limonenses y quienes encabezan las diferentes instancias de la sociedad civil organizada no logran entender que aquellos tienen a toda la provincia al borde del abismo?
Parece que la respuesta es que la ruina de muchos es el beneficio de unos pocos, es decir, que la pobreza colectivizada es el caldo de cultivo para los movimientos extremistas que pretenderán adueñarse de la provincia más pobre del país. A esta conclusión es fácil arribar porque es imposible asimilar que quienes obtienen su bienestar de la bancarrota de la principal actividad económica de la región, estén orientados por el legítimo interés de la mayoría.
El sindicato de los trabajadores portuarios, que ha evidenciado que su único interés es el beneficio de corto plazo de sus miembros, ha decretado una huelga encubierta que tiene prácticamente paralizadas las terminales de Limón y Moín. La justificación es sencillamente que la Contraloría General de la República ordenó a Japdeva no pagar más horas extras improcedentes a los trabajadores; una decisión legalmente correcta y moralmente justificada. La repartición de granjerías con dineros públicos, negociadas en convenciones colectivas en las que los administradores políticos de turno carecieron de agallas para plantar cara a las amenazas gremiales, no pueden seguir desangrando una institución alrededor de la cual se organiza la mayor actividad económica de la provincia y que tiene una importancia estratégica para todos los sectores de la economía del país.
La prensa informa que la naviera Evergreen estaría considerando abandonar el país y que ya otras líneas están desviando sus buques a puertos panameños, para trasegar entonces por vía terrestre la mercancía de exportación e importación con origen o destino a Costa Rica. El efecto inmediato afecta la producción nacional, pero fundamentalmente golpea a Japdeva y con ello a la provincia. Los transportistas marítimos no pueden someterse a la ineficiencia de un puerto secuestrado por los trabajadores que defienden una causa injusta e ilegal, por lo que su decisión es perfectamente comprensible; como entendible es que a menos barcos y menos carga, menos ingresos para Japdeva y menos recursos para pagar salarios y para atender las obras de desarrollo que forman parte del objetivo de la entidad. Es decir, más pobreza.
Que los líderes sindicales pretendan quebrar al puerto y arruinar aún más a la provincia, no es nada nuevo. Que los políticos y las organizaciones civiles no se den cuenta es inexplicable y que lo permitan es imperdonable.
Va siendo hora de que la propia población limonense ponga coto a su sindicato portuario, para que el puerto pueda ser un generador de riqueza y de bienestar “para todos”.