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Martes, 13 de noviembre de 2018



COLUMNISTAS


Cuando no se apaga el fuego a tiempo

Alvaro Madrigal [email protected] | Jueves 12 abril, 2012



De cal y de arena
Cuando no se apaga el fuego a tiempo


Quizá creyeron que el paréntesis de la Semana Santa funcionaría como amortiguador de la aplastante presión de la opinión pública que, asqueada de la presencia e intensidad de la corrupción, interpretó que el comportamiento de buena parte de los miembros del gabinete ante los mandatos de la Ley 7509 que creó el Impuesto sobre Bienes Inmuebles, merecía una rigurosa sanción, obviamente la destitución por las características de su caso del Ministro de Hacienda. Lejos de percibir la intensidad de esa disconformidad social, la señora Presidente de la República prefirió tomar las de Villadiego, limitándose a un inocuo jalón de orejas con la súplica a sus omisos Ministros de que se comporten a tono con dicha Ley. Creyó ella y seguramente también sus adláteres que el escándalo no duraría más allá de la Semana Santa y que lo pertinente era poner pies en polvorosa y compartir una copa de champaña en Nueva York con el premier de Bután, el otro estado diferenciado con el signo de “país más feliz”. ¡Qué ridículo!
Fallaron los cálculos. La repulsa se multiplicó y el Ministro de Hacienda cayó a pesar del arropamiento presidencial. Mas esto no ha acabado. Menos con la decisión de la Procuraduría de la Etica Pública de investigar cuánto de la Ley 7509 se ha violado y si en ello se configuran conductas corruptas. Y peor aún, si esa misma Procuraduría ausculta correctamente los hechos que se denuncian y que dejan al descubierto que una buena cantidad de miembros del gabinete y de diputados y de no se sabe cuáles otros más pecaron de lo mismo que don Fernando Herrero. ¿Cómo esa Procuraduría va a limitar sus investigaciones a Herrero siendo un hecho incontrastable que otros ministros tampoco cumplieron aquella Ley? Si al Procurador de la Etica no le tiembla la mano y decide como le es obligado investigar a todos los otros funcionarios que desoyeron el juramento de observar y cumplir las leyes y que nadie puede alegar ignorancia de sus preceptos, aquí va a explotar una bomba política de efectos inéditos en la historia, toda vez que estos altos funcionarios han admitido si bien con excusas inadmisibles que no declararon sus inmuebles en la cantidad y el valor exigible por las normas tributarias. Autista y mal asesorada, doña Laura no ha anticipado las consecuencias de un remezón de tal intensidad. Bien pudo quitarle presión a la caldera destituyendo a debido tiempo al Ministro de Hacienda, el mismo que clamaba por una legislación hacendaria más severa en punto a la anticipación y sanción de la evasión y por un incremento de impuestos, lo que necesariamente pasa por acatar las leyes, todas las leyes, inclusive la 7509. Detrás del escándalo desatado por el desacato de esa ley, hay una amplia legislación que minuciosamente examinada a la luz de estos casos, permitiría concluir que a más de un miembro de los Supremos Poderes “le sobra rabo” y que el deber de probidad padece de renquera.

Alvaro Madrigal