Nuestro país debe hacer un gran esfuerzo para definir los problemas nacionales más apremiantes. La definición de problemas no es sencilla y requiere como paso previo el restablecimiento de la armonía entre los costarricenses. La estrategia de aplastar a quien no piensa como yo es trágicamente destructiva.
El generar un sano clima de diálogo, de entendimiento, de expresión de opiniones sinceras para que los diferentes partidos y las diferentes fuerzas políticas del país puedan intercambiar ideas, coincidencias y discrepancias, sin hacerse objeto de agresión, amenaza o descalificación de sus contrapartes es central siempre. Los rasgos más destacados de la democracia consisten en el diálogo, la negociación y el entendimiento. La regla de decisión es el de la mayoría, pero no debe de haber una dictadura de la mayoría con desprecio de las minorías.
Como ciudadanos decentes y mejor intencionados debemos volver a aprender a intercambiar en sinceridad, respeto y patriotismo nuestras tesis, opiniones y deseos, sin temor, sin agravio, sin descalificación o insulto. Este es un paso previo a reunirnos, a establecer los problemas del país y determinar las diferentes soluciones a estos. La definición de nuestros problemas y la construcción de las posibles soluciones resulta en esta coyuntura de naturaleza urgente.
La sociedad costarricense no debe de ser empujada a la confrontación ni al amago de imposición en una lucha sin cuartel. La idea de forzar al país a dármelo todo o ir a una guerra política no hace más que detener soluciones, demorar el desarrollo del país y generar fracturas sociales en extremo peligrosas para la paz social, solo por el prurito del “yo gané”.
Que el Poder Judicial está aquejado de diferentes problemas, pues coincidamos en la definición de los mismos, que las soluciones terminarán por aparecer fácilmente ante nuestros ojos. Si todos los grupos algo ceden en sus pretensiones lo bueno será posible, aunque lo perfecto no se alcance.
Que la CCSS está debilitada por su estructura interna, por el impago de las enormes obligaciones del estado, por el cambio en la pirámide de edades de quienes son los que mantienen a esa institución, pues a definir con claridad los problemas para luego coincidir en las soluciones. A cultivar el sentido de humanidad y la orientación del beneficio plural.
Que el Instituto Costarricense de Electricidad necesita una inversión de gran cuantía para atender entre otros las redes de 5G, revitalizar la red nacional de distribución eléctrica y construir nuevas plantas generadoras de energía limpia que excedan el 65% de energía hidroeléctrica que ahora genera el país, es clarísimo. Definamos cuáles son los problemas del ICE y cuáles son las soluciones. En la discusión de estos días hemos leído y escuchado acusaciones gravísimas de que el ICE está siendo llevado a colapsar para privatizarlo. Que los grandes intereses de los mismos de siempre son los que hoy se persiguen. Que… Es evidente que se requiere una mayor y mejor comunicación y veracidad entre los grupos en gobierno y en oposición para dar solución a la gran dificultad que enfrenta el ICE de nuestros días.
Nunca como hoy se pone de manifiesto cómo el descalificar, insultar y polarizar a las diferentes fuerzas y liderazgos está generando esta crispación y la presente ausencia de entendimiento. Esto es muy grave ya que del entendimiento surge la definición de los problemas, la formulación de las posibles soluciones y de la buena voluntad surge la construcción de respuestas serias y productivas.
El Poder Judicial, La Caja Costarricense del Seguro Social, el ICE, Acueductos y Alcantarillados, el Sistema Bancario nacionalizado todos deben cambiar pues un organismo vivo y dinámico como el de cada uno de estos debe de adaptarse al cambio social que viven y experimentan. Todos deben de transformarse con el cambio de nuestra sociedad y de sus necesidades para seguirles sirviendo a los costarricenses.
Las soluciones no pueden plantearse como una lucha de clases, de grupos o de intereses, sino como el esfuerzo integrado de la vocación de construir un país mejor para todos, más próspero, más productivo, más humano, más proclive a sacrificar en cada uno de sus componentes un algo, un pedazo grande o pequeño de sus aspiraciones por lograr un país mejor para todos.
Lo perfecto generalmente es enemigo de lo bueno. La mejor voluntad entre las partes es la mejor herramienta para encontrar el bien general. El respeto para todos es cuanto es requerido para alcanzar el bien general.





































