Genoveva Chaverri Chaverri
Directora honoraria de la Cámara de Comercio de Costa Rica y académica
En un reciente anuncio, y como aguacero sin sombrilla recibimos en Costa Rica el comunicado de Intel Corporation confirmando el cierre de su planta ensambladora en el país, como parte de una estrategia para optimizar sus operaciones a nivel global y reducir costos. Esta decisión ha generado preocupación entre los trabajadores, sus familias y las comunidades que dependen de la empresa, así como en el sector tecnológico del país.
Como académica me hizo analizar y reflexionar que la reubicación de la planta a Asia no solo representa una pérdida significativa de empleos, sino que también plantea un desafío urgente: la necesidad de mejorar y actualizar la capacitación educativa y profesional en tecnología, especialmente en inteligencia artificial (IA) y otras áreas críticas del futuro. A medida que el mercado laboral evoluciona hacia un entorno cada vez más digital y automatizado, es imperativo que nuestros sistemas educativos se adapten para preparar a las próximas generaciones.
Expertos
Expertos en educación y tecnología a nivel internacional han expresado su preocupación por el cierre de empresas tecnológicas clave en distintas naciones y su impacto en el desarrollo de competencias laborales. El Dr. José Manuel Barreto, especialista en políticas educativas en tecnología, expresa: “Cuando una empresa como Intel decide retirar sus operaciones, es un llamado a la acción para todos los países. La inversión en educación tecnológica debe ser una prioridad; sin una fuerza laboral calificada, el futuro económico está en riesgo.”
Por su parte, la Dra. Linda Torres, experta en inteligencia artificial de la Universidad de Yale, agrega: “Los países que no invierten en la capacitación de su población en áreas como IA corren el peligro de quedar rezagados frente a sus competidores. En el contexto actual, no formar a los jóvenes en estas áreas es casi firmar su futuro de pobreza y falta de oportunidades.”
A pesar de ser Costa Rica un país admirado por su estabilidad política y su creciente ecosistema tecnológico, enfrentamos retos significativos en comparación con sus pares de América Latina. Según el informe sobre la Brecha Digital de 2023 del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Costa Rica ocupa el quinto lugar en conocimiento y uso de tecnologías de la información entre los países de la región, por detrás de Chile, Brasil, México y Perú en cuanto a competencias en IA.
Además, la penetración de redes 5G en el país es significativamente baja. Según datos de la Asociación Internacional de Comunicaciones Móviles (GSMA), solo el 30% de los costarricenses tiene acceso a servicios de internet de alta velocidad, lo que limita severamente las oportunidades para la educación en línea y el desarrollo de habilidades tecnológicas avanzadas.
Debemos tomar muy en serio que invertir en Educación especializada es invertir en un futuro potencial como país.
La educación debe ser una prioridad en la agenda de cualquier gobierno. Como educadores debemos hacer un llamado a las autoridades gubernamentales y a las instituciones educativas para que tomen medidas inmediatas y decisivas en la formación de profesionales capacitados en tecnologías emergentes. Las competencias digitales, la programación, la inteligencia artificial y la analítica de datos deben ser parte integral del currículo en todos los niveles educativos.
Es crucial fomentar alianzas entre el sector privado y las instituciones educativas, para garantizar que la formación ofrecida esté alineada con las necesidades del mercado. Las compañías tecnológicas, tanto locales como internacionales, tienen un papel clave en la promoción de programas de capacitación y
mentoría que cierren la brecha de habilidades existente.
Personalmente hago una invitación
a todos los actores de la sociedad costarricense gobierno, empresas, universidades y organizaciones no gubernamentales a unirse en esta misión. Es momento de innovar en nuestra forma de enseñar y aprender, de invertir en investigación y desarrollo y de asegurar que Costa Rica siga siendo un líder en la región en la producción de talentos en tecnología.
El cierre de la planta de Intel no debe ser visto solo como una pérdida, sino como una oportunidad para reflexionar sobre el rumbo que tomamos como nación. La educación en tecnología es el camino hacia un futuro sostenible y próspero, y cada esfuerzo que realicemos hoy tendrá un impacto significativo en las generaciones venideras.





































