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Lunes, 17 de diciembre de 2018



EDITORIAL


¿Cárceles o infiernos?

| Sábado 25 febrero, 2012




Las personas encarceladas cumplen una pena por algún delito cometido y al recluirlos se les impide que vuelvan a delinquir. Esto les limita sus libertades civiles, mas no suprime sus derechos humanos

¿Cárceles o infiernos?

“Nos cansamos de gritar y nadie nos abría”, revelaba un superviviente del incendio que acabó con la vida de 377 privados de libertad el pasado 15 de febrero en la cárcel de Comayagua, en Honduras.
Un poco más de 14 meses antes, en diciembre de 2010, 83 reclusos habían fallecido en otro incendio en la cárcel de San Miguel, en Chile.
A pesar de la distancia y las circunstancias diferentes de como empezó el fuego en cada caso (el primero por accidente y el segundo por una riña), entre ambos reclusorios había dos aspectos comunes: el hacinamiento y la inseguridad.
Pero esta realidad no es exclusiva de Honduras o de Chile, pues es un aspecto que en innumerables ocasiones se ha denunciado en cárceles de Latinoamérica.
En Costa Rica tampoco somos ajenos a esta realidad.
Ya en 2010 la Defensoría de los Habitantes había llamado la atención por saturación penitenciaria, y en mayo de 2011 la deficiente seguridad del sistema se vio vulnerada cuando un intento de fuga acabó con la muerte de dos reos y un custodio.
En Costa Rica la capacidad carcelaria es de 8.536 personas, sin embargo, la población penitenciaria alcanza las 10.455, de acuerdo con cifras del último Estado de la Región.
“Esto contrasta con la subejecución del presupuesto para infraestructura en los centros penitenciarios. De acuerdo con un estudio publicado en 2011 por la Defensoría de los Habitantes de Costa Rica, entre 2008-2009 no fueron ejecutados ¢7.823 millones del presupuesto total del Patronato Nacional de Construcciones para Infraestructura Penitenciaria”, apunta el informe.
El gran problema de esta situación es que transforma las cárceles en bombas de tiempo, en caldos de cultivo de violencia y caos.
Las personas encarceladas cumplen una pena por algún delito cometido y al recluirlas se les impide que vuelvan a delinquir. Esto les limita sus libertades civiles, mas no suprime sus derechos humanos, como son la dignidad, el derecho a la seguridad y a la prohibición de cualquier tipo de tortura. Aspectos que en las condiciones actuales de las cárceles son muy difíciles de asegurar.
Además, las cárceles tienen, en la teoría, un ánimo reformatorio el cual en las condiciones deplorables en que viven los privados de libertad es prácticamente imposible.
Ponerle atención a esta situación de los reclusorios es urgente en Costa Rica y en toda Latinoamérica para evitar mayores desgracias de las que ya hemos sido testigos.