El avance acelerado de las compañías en la adopción de tecnologías como la inteligencia artificial (IA) y la automatización robótica de procesos (RPA) ha hecho que la transformación digital sea hoy una realidad. Esta transformación busca reducir tiempos, minimizar errores, disminuir costos y generar análisis más precisos. En este contexto, los bots asumen tareas operativas repetitivas, y los algoritmos toman decisiones, lo que plantea una pregunta crítica: ¿quién asegura que todo esto ocurra bajo control, ética y transparencia?
La respuesta comienza con la auditoría interna. El rol tradicional del auditor, centrado en la revisión de documentos, la verificación de saldos y el cumplimiento normativo, está evolucionando hacia un perfil más estratégico. Hoy, el auditor debe comprender procesos digitales, gestionar riesgos tecnológicos y acompañar la innovación, sin renunciar a su función esencial: velar por el control y la integridad operativa.
Si bien es cierto, el objetivo de la automatización es disminuir el error y reducir tiempos y costos, es necesario que estos procesos sean evaluados de manera objetiva. Por ejemplo, al automatizar el proceso de pagos, un bot podría ejecutar transacciones sin intervención humana, pero es necesario que exista una figura contralora que verifique la existencia de límites, validaciones, aprobaciones y segregación de funciones, porque, de no ser así, se corre el riesgo de ejecutar pagos duplicados o incluso, no autorizados que impliquen la fuga de dinero.
En este nuevo contexto, la auditoría interna debe asumir responsabilidades como:
- Evaluar el origen y la calidad de los datos que alimentan los procesos automatizados.
- Verificar la existencia de controles adecuados de segregación de funciones dentro de los flujos automatizados.
- Supervisar que los accesos y permisos de modificación de bots o de los modelos de IA, estén debidamente definidos y controlados, especialmente cuando estos afectan la generación de información financiera que debe presentarse bajo los principios de integridad, exactitud y transparencia requeridos por las NIIF.
- Identificar riesgos emergentes como la falta de trazabilidad o controles desactivados por omisión en el diseño del bot.
En otras palabras, el auditor no solo debe auditar el resultado final, sino también los criterios, reglas y decisiones programadas que lo generaron. Esto implica el desarrollo de nuevas habilidades, tal como lo exige la Norma 1210 del IIA, que establece que los auditores deben poseer el conocimiento, las habilidades y otras competencias necesarias para cumplir con sus responsabilidades, incluyendo la comprensión de tecnologías emergentes. No se trata de convertir al auditor en programador, sino de dotarlo de conocimientos fundamentales en automatización, minería de procesos y análisis de riesgos tecnológicos.
Entonces, la auditoría interna debe posicionarse como el garante de una digitalización ética, segura y sostenible, en línea con los principios del marco COSO ERM, que exige identificar, evaluar y mitigar riesgos en todos los niveles del proceso, incluso en entornos tecnológicos automatizados. Porque si bien, la inteligencia artificial y el desarrollo de bots pueden ejecutar tareas más rápido, solo el auditor puede asegurar que esas tareas se ejecuten correctamente, bajo control y con transparencia.
Lexy Alfaro, Consultora de Grant Thornton





































