Logo La República

Domingo, 25 de agosto de 2019



EDITORIAL


Caldera caldea los ánimos

| Lunes 08 junio, 2009




Costa Rica debe dejar la ruta de la improvisación, desaciertos contractuales, errores, burocracia y demás ineficiencias a diestro y siniestro a la hora de realizar obra pública de infraestructura

Caldera caldea los ánimos

Las críticas de usuarios, empresarios, políticos e instituciones hacia la carretera a Caldera, una obra que el país espera desde hace como 30 años, son diversas, van desde los quejosos que consideran muy alto el costo de las tarifas del peaje hasta quienes señalan el diseño como desactualizado, entre otras.
El Gobierno reconoce que el proyecto no es perfecto, pero alega que así se dispuso en el contrato y por lo tanto se debe cumplir, so pena de tener que indemnizar a la empresa concesionaria.
Van y vienen los cargos y descargos de unos y otros en relación con esta contratación y los problemas que retrasaron y caracterizaron su ejecución. Pero más allá de los razonamientos y circunstancias no se puede ignorar el hecho de que el país, luego de tomar la decisión de subsanar, por la vía de la concesión, el rezago en infraestructura iniciado alrededor de 1980, no logró poner en práctica adecuadamente el camino elegido.
El caso del Aeropuerto Juan Santamaría es vivo ejemplo de cómo una obra por concesión se convierte en casi pesadilla nacional y ahora Caldera deja inconformes a muchos.
Costa Rica necesita una puesta al día importante en materia de infraestructura. De eso no hay ninguna duda. Pero necesita también abandonar la ruta de la improvisación, los desaciertos contractuales, los errores y burocracias causantes de nefastos retrasos, y demás ineficiencias a diestro y siniestro.
Ya sea por concesiones o cualquier otra forma que se decida como conveniente, lo importante es que las obras se hagan bien, en tiempo y resultado, a corto, mediano y largo plazo.
No se puede alegar falta de experiencia. Gobierno tras gobierno, han sido muchos años de pérdida de tiempo y recursos. Las dificultades no solo continúan sino que aumentan sus consecuencias. Son necesarias contrataciones adecuadas cuando esa sea la vía conveniente, total transparencia en estas, eliminación de burocracia innecesaria y rigurosos controles sobre ejecuciones y resultados finales.