El crecimiento empresarial suele traer consigo importantes beneficios: mayor solidez económica, expansión de operaciones, creación de nuevos departamentos y funciones, incremento de personal y una relación más amplia con proveedores y con la sociedad. Sin embargo, junto con estos beneficios que indican que una empresa está siendo exitosa, también surgen riesgos que pueden comprometer tanto la integridad financiera como la seguridad legal de la organización. Frente a este panorama, las empresas necesitan contar con herramientas que no solo permitan prevenir dichos riesgos, sino también detectarlos oportunamente cuando ya se están materializando producto de fraude.
La auditoría forense es una auditoría especializada en la obtención de evidencias, hallazgos e indicios, ya sea por medios demostrativos o de convicción, con el propósito de que sea sujeta a la valoración de un juez y esta sea tomada como prueba judicial para un posible establecimiento de responsabilidades penales y civiles resultado de una afectación patrimonial hacia personas físicas, jurídicas o de orden económico nacional, como los distintos casos ocurridos en entidades bancarias y financieras del país.
La auditoría forense puede tener 2 enfoques: auditoría preventiva y auditoría detectiva:
Auditoría preventiva
La auditoría preventiva tiene como objetivo anticipar riesgos, revisar los procesos internos y detectar señales de alerta que permitan proponer mejoras, identificar irregularidades y cerrar portillos que podrían ser aprovechados para cometer fraudes. Este tipo de auditoría también puede ser solicitada ante la sospecha de una posible comisión de fraude. Su enfoque fortalece el control interno de la entidad mediante su evaluación y la recomendación de ajustes.
Como parte de las labores que se pueden realizar durante una auditoría preventiva, se incluyen pruebas para revisar créditos otorgados sin garantías suficientes, pagos sospechosos a proveedores, controles sobre el manejo de efectivo y cuentas bancarias revisando el historial de movimientos, la ejecución de procedimientos, accesos a los sistemas de la empresa, modificaciones en la información contable y no contable, entre otros.
Auditoría detectiva
Por su parte, la auditoría forense detectiva puede surgir como resultado de un encargo extrajudicial, solicitado por los dueños de las empresas, su directiva, o como un encargo en fase de judicialización. Durante esta auditoría, en caso de detectar irregularidades, se reconstruyen los hechos y se determinan los responsables. Ejemplos: se rastrean movimientos de dinero en cuentas bancarias y se determina su razonabilidad, se analizan contratos, se revisan comunicaciones por correo electrónico para probar el desvío de fondos, la identificación de colusión, entre otros.
La auditoría forense se rige por procedimientos legales e investigativos rigurosos que le confieren un alto grado de confiabilidad. Se trata de una labor objetiva y sistemática, basada tanto en las leyes vigentes del país, como en principios como la teoría del delito, el análisis del triángulo del fraude, la evaluación de los sistemas de control interno y de los sistemas informáticos, el adecuado tratamiento de la evidencia mediante la cadena de custodia, entre otros. Según la naturaleza del caso, puede ser necesario incorporar al equipo de trabajo expertos en informática, peritaje o derecho, entre otros, lo que fortalece el contenido y la validez del informe final.
Una vez concluido el trabajo de campo y recopilada toda la información y los hallazgos, se elabora un Informe Especial de Auditoría Forense. En caso de haberse detectado actividades fraudulentas, este informe constituye un medio demostrativo o de convicción que puede ser presentado ante el Ministerio Público como evidencia con valor probatorio para sustentar una denuncia.
Alonso González, Consultor de Grant Thornton





































