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Absurdo tributario

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Cuando se piensa en temas tributarios novedosos o interesantes para los lectores, a veces se pierde de vista aquellos aspectos, que por estar absolutamente acostumbrados a ellos, parece que carecieran de importancia. Pero no es así. Algo tan simple como la mismísima tarifa del impuesto sobre la renta tiene en nuestro país una estructura absurda. Supongamos que un contribuyente tiene ingresos anuales de 47 millones y gastos de 30 millones. Según la Ley de Renta, habrá que pagar un 20% sobre la utilidad de 17 millones, es decir 3 millones. Pero otro contribuyente que tenga 48 millones de ingresos anuales y gastos de 31 millones, tendrá que pagar sobre exactamente la misma utilidad de 17 millones, una tarifa del 30%, es decir 5,1 millones de impuesto, lo cual implica un 50% más de impuestos que el primer contribuyente. La cosa no queda ahí, puesto que como en el segundo ejemplo se paga mucho más impuesto, llegamos al resultado de que en el primer caso, el contribuyente tuvo un mejor resultado después de impuestos, porque le sobraron 1,7 millones más que al segundo, dado que pagó menos impuestos. Para finalizar el ejemplo, ante este escenario, el segundo contribuyente preferirá abstenerse de continuar realizando actividades económicas que lo lleven a tener mayores ingresos, para quedarse en la tarifa más baja, con lo cual tenemos un sistema tributario que instiga a que las decisiones económicas de los contribuyentes sean afectadas no por su eficiencia o rentabilidad, sino por su impacto fiscal, es decir, todo lo contrario a la neutralidad que deben inspirar los sistemas tributarios. Ante esta situación, podría pensarse en un miniproyecto de ley en el corto plazo que corrija este absurdo. Debido al evidente error legislativo, sería posible pensar que los partidos se pondrían de acuerdo con mayor facilidad para arreglar un problema tan puntual. Si fuera así, además se sentaría un buen precedente para una discusión inteligente y sensata en la Asamblea, que aleje la satanización que se ha dado en los últimos años al tema tributario. Además, en la práctica se ha notado que cuando los diputados discuten proyectos tributarios amplios o complejos, se siguen centrando en aspectos muy puntuales, como la tarifa o la base imponible, dejando de lado y normalmente arrastrando, a todo el resto de normativa que pretende mejorar nuestro sistema tributario y que nada tiene que ver con el aumento de impuestos, sino de problemas como el apuntado. Arreglado el tema de la tarifa, el tiempo de nuestros diputados podría dedicarse a cuestiones más profundas de estos proyectos.

Rafael Luna
Abogado de AFC
[email protected]

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