Vladimir de la Cruz

Vladimir de la Cruz

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Miércoles 9 Noviembre, 2016

El dirigente del Partido Liberación Nacional, exdiputado y exministro, Francisco Morales Hernández, ha sido uno de los impulsores de los estudios árabes en las universidades públicas

Pizarrón

¡Vivan la libertad de cátedra y la autonomía universitaria!
 

La Universidad Latinoamericana, especialmente, consagró, con la Reforma de Córdoba, desde 1918, los principios básicos con los que se desenvuelven. Resultado de las luchas estudiantiles en Argentina, en ese año, se produjo una verdadera revolución académica y estudiantil en torno a la concepción de la universidad, que se desenvolvía muy al estilo de la universidad napoleónica.

Gracias a esta lucha, que se fue extendiendo por todo el continente en los años siguientes, se desarrollaron las universidades del continente estableciendo poco a poco los principios y postulados de la Reforma de Córdoba.

Cuando, a mediados de la década de 1930, llegó a Costa Rica, la llamada Misión Chilena, que venía a evaluar aspectos del desarrollo económico institucional, jefeada por Herman Max, y la que evaluó aspectos del desarrollo educativo, jefeada por Luis Galdámez, esta al valorar la ausencia de la universidad en nuestro medio, que había sido cerrada en 1888, propuso reabrirla, lo que contaba con ambiente positivo entre intelectuales y político, mas no con el apoyo del Gobierno de León Cortés.



El profesor Galdámez presentó su informe, sobre la universidad, que llamó la Universidad Autónoma, el cual en el fondo se inspiraba en la Reforma de Córdoba.

Cuando en el gobierno del Dr. Rafael Ángel Calderón Guardia, con el ministro de Educación, Luis Demetrio Tinoco, se tomó la decisión de impulsar la apertura de la universidad, de establecerla e inaugurarla, en 1940, la que empezó a trabajar en 1941, teniendo por rector designado al propio Luis Demetrio Tinoco, considerado en este sentido también rector de la Universidad, hasta que fue nombrado, ya oficialmente, el rector Alejandro Alvarado Quirós, el primer gran rector, la Universidad que surgía lo hacía bajo las banderas y espíritu de la Reforma de Córdoba.

Los principios básicos de esta reforma, entre otros, eran:

1.- Que la Universidad debía darse su propio Gobierno, al margen de las autoridades políticas de Estado y de gobiernos, que acostumbraban nombrarlo, con su propio pueblo universitario,

2.- Que dentro de este gobierno universitario los estudiantes tendrían una representación en todos los órganos de dirección y decisión académica,

3.- Que este movimiento estudiantil debía ser consecuentemente autónomo de las autoridades universitarias

4.- Que se garantizaría para el ejercicio pleno de la vida universitaria la libertad de cátedra, entendida como la libertad que tiene la universidad para diseñar sus programas y planes académicos científicos, de docencia, investigación y extensión o acción social, de conformidad a los procedimientos que establezca para aprobar dichos programas planes académicos, sin que fuera el gobierno de turno quien diseñara estos programas.

5.- Que la libertad de cátedra comprendía la libertad absoluta de enseñanza por parte del profesor a cargo de cada programa, plan académico, curso, o cátedra como se llaman algunos cursos, siendo que esta libertad le permite al profesor desarrollar el programa oficial, aprobado por la Escuela, la Facultad y la Universidad, de conformidad a su propia formación, interpretación y análisis, del mismo modo que esta libertad de cátedra y de enseñanza le obliga al profesor a respetar a sus alumnos en sus propias opiniones, en torno a la discusión académica de los cursos, y, a los alumnos, les garantiza su propia libertad de pensamiento y de opinión, respecto a los que se les está enseñando.

6.- Que el Estado, y los gobiernos se comprometían a asegurar los fondos económicos de funcionamiento pleno de la Universidad, de manera que sobre ellas no se pudiera presionar por parte de los gobiernos bajo la amenaza de restarles o negarles fondos o presupuesto para su pleno funcionamiento.

7.- Que la Universidad adquiría el compromiso de contribuir, con sus planes de estudios y científicos, al desarrollo de la sociedad, al fortalecimiento de la sociedad democrática, procurando soluciones a los grandes problemas que la sociedad y el desarrollo democrático, social, económico y político presentan.

Este papel lo destacó el rector Claudio Gutiérrez Carranza, cuando en ejercicio de su rectorado, se cuestionó justamente este papel de la Universidad, al decir él que la “Universidad es la conciencia lúcida de la Patria”.

En distintos momentos de la historia de la Universidad de Costa Rica, luego de fundada, la Universidad ha sido atacada por personajes, claros y oscuros, del mundo político cuando han creído que en ejercicio de esta libertad de cátedra y de autonomía universitaria, se les afecta con los pronunciamientos, críticas que emanan del quehacer universitario, por el estudio que se realiza de la realidad social, política nacional, regional o mundial, sobre el ejercicio del poder o sobre los intereses que estos tienen, así como cuando sienten que se atenta contra sus propios compromisos políticos, ideológicos o teóricos políticos, o porque se niegan a que se estudien otras realidades, corrientes de pensamiento filosófico, político o económico.

Los grandes fundadores de la Universidad, y sus grandes rectores, entre ellos: Rodrigo Facio y Carlos Monge Alfaro, cofundadores también del Partido Liberación Nacional, y ambos diputados de la Asamblea Nacional Constituyente que en 1949 aprobó la actual Constitución Política, que consagró la autonomía universitaria y la libertad de cátedra, como preceptos constitucionales, fueron defensores de esta esencia universitaria.

Hasta 1967, recuerdo no se estudiaba marxismo ni a Marx en la Universidad. Ese año el Dr. Constantino Láscaris, y el Dr. Teodoro Olarte impulsaron un curso para su estudio. Curiosamente la arremetida contra ellos vino de un alto dirigente de Vanguardia Popular, porque no eran marxistas los que enseñaban a Marx. Fuimos los estudiantes comunistas, marxistas del Frente de Acción Universitaria, los que les defendimos ante Vanguardia Popular, porque era más importante que se diera ese curso a que no se diera, y porque en ese curso se debatía ampliamente y con toda libertad de pensamiento y de exposición.

Fue también el Dr. Carlos José Gutiérrez, decano de la Facultad de Derecho, también cofundador del Partido Liberación Nacional, cuando frente a una respuesta del entonces estudiante Rodolfo Cerdas Cruz, al Rector Facio, sobre marxismo, que ordenó a principios de la década del 60, que dicha respuesta se publicara en la Revista de Universidad, lo que se hizo en la No. 20, acto con el que afirmaba, respetaba y consolidaba la libertad de cátedra y la autonomía universitaria.

Los estudiantes del periodo 1967-1972, especialmente los que nos agrupábamos alrededor del Frente de Acción Universitaria, llevamos una intensa divulgación del marxismo, en concordancia con los estudios del siglo XIX que se estaban iniciando ese año de Estudios Generales, también reforma impulsada por los profesores Láscaris, Olarte y otros. Nuestra acción generó grupos políticos estudiantiles, ligados a partidos políticos, democrática cristianos, socialdemócratas y hasta del Movimiento Costa Rica Libre, con quienes debatíamos ampliamente en aulas y auditorios, lo que repercutió enormemente en la riqueza académica de los estudiantes, de los propios profesores, ambiente que facultó el entorno de la convocatoria del III Congreso Universitario, que fijó desde entonces los derroteros de la Universidad de Costa Rica hasta hoy.

Recientemente, la ex vicepresidenta del Partido Liberación Nacional, Clara Liberman, de origen judío, gestionó ante la fracción legislativa de dicho partido, que se investigara la cátedra Ibn Khaldum, que lleva el nombre de un historiador, pensador económico, diplomático, filósofo, lo que hoy podría ser también un sociólogo, de origen árabe musulmán que vivió de 1332 a 1406, cuando ni siquiera los progenitores genéticos de Marx y Lenin estaban en el mapa de su origen, quien escribió una Historia de los Árabes, considerada por el historiador inglés Toynbee, uno de los trabajos mejor hechos en este campo.

El dirigente del Partido Liberación Nacional, exdiputado y exministro, Francisco Morales Hernández, ha sido uno de los impulsores de los estudios árabes en las universidades públicas. A él se le debe también el desarrollo del centro de estudios árabes en la Universidad Nacional.

La cátedra Ibn Khaldum la dirige el Dr. Roberto Marín Guzmán, uno de los mejor formados en la cultura árabe musulmana, que tiene hoy la Universidad de Costa Rica, y el que quizá tenga la mayor formación en este campo en toda Centroamérica. Su libro, publicado en Costa Rica, sobre los musulmanes en España, es un obra de referencia en España.

La ex vicepresidenta de Liberación Nacional, no sé si estudió en la Universidad de Costa Rica o en alguna de México, pero es claro, que si así fue, confirma el refrán de que hay gente que pasa por la Universidad pero la Universidad no pasa por ellos.

Con esta postura persecutoria, contra el estudio de una cultura, de su pensamiento y de su filosofía, de linchamiento contra los profesores a cargo de esta cátedra, es obvio que está llena de odio, de prejuicio, por su origen judío, de prejuicios políticos, y que al estilo de los nazis, y de otras formas dictatoriales de ejercicio de poder, desearía que se hicieran hogueras de textos de libros, de compositores musicales y artísticos, de literatos, que por esa razón excluye. Si estudió en alguna universidad israelí me imagino que allí aprendió estas formas de pensamiento único, donde se niegan, seguramente, en ese país, a estudiar la historia de sus vecinos y de Oriente Medio, y a interpretar hasta la música de compositores alemanes que eran de la simpatía de Hitler.

Metida de pata de la fracción del Partido Liberación Nacional de haberle dado trámite a la gestión hecha ante ellos. Era de rechazo ad portas. Ojalá a ninguno de los precandidatos a la Presidencia de la República, que tiene en este momento Liberación Nacional, se le ocurra llevarla de candidata a la vicepresidencia de la República o a la Asamblea Legislativa. Sería un peligro público para el ejercicio de las libertades ciudadanas si así quiere empezar con la Universidad de Costa Rica. Sería volver a julio y agosto de 1948 cuando la Junta de Gobierno, jefeada por José Figueres, impulsó y aprobó los decretos de prohibición de partidos políticos y de sindicatos, y cuando establecieron tribunales especiales. ¿A eso apuntaron Clara Liberman y los diputados del Partido Liberación Nacional?
Solo de manera irracional, y hacia el suicidio político, pueden apuntarse en esta dirección.