Alejandro Pino
Consultor de Comercio Exterior de Grant Thornton
alejandro.pino@cr.gt.com
Durante los últimos años el paradigma del comercio exterior ha cambiado de manera drástica. Las relaciones comerciales entre los países ya no se desarrollan de forma diplomática, buscando construir relaciones duraderas, sino que ahora ha surgido una tendencia por parte de algunos países de aplicar una estrategia que consiste en “golpear y después negociar”.
Desde la segunda llegada del presidente Donald Trump a la Casa Blanca, el arancel dejó de ser meramente un instrumento diseñado para regular las relaciones comerciales desde un punto de vista económico y pasó a ser un arma política al incidir en temas más allá como la seguridad fronteriza, el narcotráfico y la inmigración. Durante este año 2026, se ha demostrado que la instrumentalización de los aranceles no sólo puede ser implementada por potencias mundiales, sino que también por países latinoamericanos.
A principios del presente año el presidente de Ecuador, Daniel Noboa, impuso a las importaciones provenientes de Colombia una “tasa de seguridad” del 30% en el mes de enero, alegando falta de cooperación de Bogotá contra el narcotráfico en la frontera común. Colombia respondió cerrando pasos fronterizos a productos agrícolas ecuatorianos y suspendiendo la interconexión eléctrica entre ambos países. La escalada fue veloz, ya que la tasa ecuatoriana subió a un 50% en marzo y llegó al 100% el primero de mayo, mientras que Colombia respondió con un arancel equivalente para ese mismo mes.
Paulatinamente, y como en la mayoría de los casos ocurre, el conflicto fue dejando atrás su naturaleza comercial y comenzó a incidir en las relaciones políticas. Colombia ordenó el regreso de su embajador en Quito y las tensiones entre ambos países aumentaban en ese momento cada vez más. Tanto las proyecciones oficiales colombianas como las ecuatorianas hablaban de pérdidas millonarias para sus sectores empresariales. Afortunadamente, gracias a las solicitudes realizadas desde distintos sectores de la economía y entidades internacionales, se logró apaciguar el conflicto y se eliminaron los aranceles impuestos entre ambas partes para el mes de junio del presente año.
A pesar de haberse eliminado las imposiciones entre ambas partes, el daño en la economía ya estaba hecho. Toda guerra trae consecuencias negativas, y el sector empresarial, de ambos países, se vio gravemente afectado. No obstante, más allá de las lesiones, rupturas y dolencias generadas, este ejemplo nos deja una idea sumamente clara: hoy en día las relaciones comerciales de décadas se pueden desmoronar en semanas cuando la política exterior decide instrumentalizar el arancel como arma económica.
El caso andino no ocurre en el vacío. Hoy en día, cuando dos o más gobiernos divergen políticamente, la aplicación de aranceles como instrumento para crear fricción es una carta que ya muchos tienen sobre la mesa, puesto que se ha vuelto una tendencia actual. Esta es una carta bastante conveniente, ya que permite escoger los sectores económicos que se desean afectar y determinan la imposición de una tarifa arancelaria que genere una mayor recaudación para el país.
Para el sector exportador costarricense cabe preguntarse, por ejemplo: ¿Qué tan segura es realmente la dependencia de un sólo mercado? Ya el país se ha visto afectado por una medida como esta. ¿Qué impide que otro socio comercial también nos la pueda imponer? En el caso de Costa Rica su principal socio comercial es Estados Unidos, y la tendencia de imposición de aranceles por parte de dicho país lo que deja ver es lo mismo: ningún mercado, por grande o históricamente cercano que sea, garantiza estabilidad indefinida.
Este tipo de medidas han establecido una nueva forma en que los países gestionan sus relaciones comerciales. Teniendo en cuenta lo anterior, es fundamental que las empresas busquen implementar medidas para reducir contingencias y no convertirse en “víctimas” de una guerra arancelaria. Si bien la diversificación de mercados implica mayores riesgos y costos adicionales, las empresas que puedan implementarla podrán mitigar el impacto de este tipo de medidas. Por otro lado, para aquellas empresas que esta no sea una opción viable, se pueden apoyar de instrumentos de comercio exterior que ofrecen un acceso preferencial como una estrategia para obtener ventajas competitivas. En un mundo donde hasta los aliados más cercanos pueden convertir el arancel en arma política, el conocimiento de estas “herramientas” puede marcar la diferencia entre “mantenerse a la vanguardia” o convertirse en una “victima más” de las guerras comerciales actuales, tendencia que parece persistir en el futuro cercano.





































