
Hoy me dirijo a ustedes con el corazón lleno de dolor y furia, en memoria de esta madre, Jasmina, y su pequeña hija Valeska, esta pequeña niña de apenas 8 años, víctimas de un sistema que debería protegerlas, no traicionarlas. Este acto terrible que ha ocurrido en Costa Rica, en la muy querida “Ciudad Blanca”, como conocemos a Liberia, no puede ser solo un número más en las estadísticas de la violencia: es un grito desgarrador que resuena en cada rincón del país.
A nuestro pueblo le digo: ¡Basta Ya! No podemos mirar hacia otro lado mientras la violencia y el odio se apoderan de nuestras comunidades, cada vez con más fuerza. Alguna vez pensé que este nivel de violencia era algo pasajero, fortuito, ¡pero que equivocada estaba! Este comportamiento crece y se posiciona en algunos mal nacidos de esta noble tierra costarricense. A nuestras autoridades quisiera exigirles justicia, pero cómo hacerlo, si hay acosadores laborales y sexuales que se pavonean libremente por el sagrado recinto donde nacen las leyes. Donde están quienes nos representan, aquellos que fueron elegidos por nosotros y nosotras las costarricenses, confiados en que nos defenderían y nos cuidarían como Padres de la Patria. En la Asamblea Legislativa. ¡Qué ingenua!
Denunciar estos actos no es suficiente, necesitamos acción real y contundente. Y a esos hombres cobardes y pendejos, como diría Paquita la del Barrio en uno de sus temas musicales, que creen que pueden despojarnos de nuestra dignidad, de nuestro derecho a existir en paz: sus actos son inaceptables. La misoginia y el machismo no tienen cabida en nuestra sociedad. No se trata solo de la protección de mujeres y niñas; se trata de construir un futuro donde todos y todas podamos vivir libres de miedo.
Como mujeres, tenemos el poder de alzar nuestras voces y exigir un cambio. No podemos permitirnos el lujo de llevar una venda en los ojos ni un tapabocas en la boca. Debemos hablar enérgicamente y protestar hasta que se haga justicia. Este ciclo de violencia debe detenerse ahora. Debe detenerse ya. Cada una de nosotras puede ser parte de la solución.
¡Es tiempo de un cambio radical! ¡No más silencio, no más complicidad!
Vayamos juntas a construir un mundo diferente y seguro, vayamos a construir un monumento en donde ningún otro nombre se sume a esta lista de tragedias. ¡Detengamos esto ya! Con determinación y esperanza en que cada mujer hará valer sus derechos con la denuncia y exposición de lo que pueden estar siendo víctimas de estos mal nacidos agresores.
Recordemos que sólo una conversación, con gritos y palabras ofensivas y grotescas, es muestra de que estás ante un agresor. No permitas que cruce esa raya, con permitirlo te estás convirtiendo en lo que para esas personas es un “trofeo” más de esa miserable agresión. Perdón, Jasmina y Valeska, que no se pudo detener este horrendo crimen. No quiero ni pensar el terror que vivieron antes de morir, pero haremos todo lo que esté a nuestro alcance para lograr que muchas mujeres no sean víctimas de un femicidio más, y que se haga justicia por ustedes.



































