Max Xiqués
CEO de Artemis
Max@artemis.money
Costa Rica tiene razones para sentirse orgullosa de su infraestructura financiera. Contamos con un sistema de pagos electrónicos robusto, una población altamente bancarizada y herramientas como SINPE Móvil, que transformaron la manera en que las personas mueven dinero.
De hecho, la OCDE reconocío la calidad del sistema de pagos electrónicos costarricense y el alto uso de servicios financieros digitales. Además, según datos del Banco Central citados por la organización, el acceso a cuentas bancarias alcanzó al 90% de la población en 2023.
Entonces, si tenemos una infraestructura financiera avanzada, vale la pena hacernos una pregunta incómoda: ¿la experiencia bancaria que ofrecemos está evolucionando a la misma velocidad?
La respuesta requiere algunos matices.
Costa Rica ha sido extraordinariamente buena construyendo los rieles sobre los cuales se mueve el dinero. SINPE es probablemente el mejor ejemplo. Transferir dinero entre entidades financieras o utilizar SINPE Móvil se convirtió en algo tan cotidiano que resulta difícil imaginar cómo funcionábamos antes.
Sin embargo, construir buenos rieles no significa necesariamente que estemos aprovechando todo su potencial.
Digitalizar no es transformar
Durante años, gran parte de la conversación sobre innovación bancaria estuvo relacionada con digitalizar procesos: pasar de la sucursal física a una aplicación, realizar una transferencia desde el teléfono o solicitar determinados servicios sin acudir a una oficina.
Todos estos avances son importantes, pero digitalizar un proceso existente no necesariamente significa transformar la experiencia financiera.
La verdadera transformación comienza cuando dejamos de preguntarnos cómo llevar el banco tradicional a una pantalla y empezamos a preguntarnos qué necesita realmente la persona que está detrás de esa pantalla.
El consumidor financiero actual es radicalmente distinto al de hace una década. Puede recibir su salario en colones, ahorrar parte de sus ingresos en dólares, pagar un almuerzo mediante SINPE Móvil, invertir desde su teléfono y mantener una parte de su patrimonio en activos digitales.
Para el usuario todo eso forma parte de una misma cosa: su dinero.
Sin embargo, para el sistema financiero siguen siendo mundos que, con demasiada frecuencia, funcionan por separado. Ahí existe una oportunidad enorme.
Más competencia significa más innovación
La discusión tampoco debería limitarse a tecnología. También debemos hablar de competencia.
La OCDE señala en distintos estudios sobre Costa Rica que aumentar la competencia dentro del sector financiero continúa siendo un desafío. Asimismo, planteó que una mayor participación de empresas fintech puede contribuir a aumentar la competencia, reducir costos y ampliar la inclusión financiera.
Esto no debería interpretarse como una batalla entre bancos y fintech.
Todo lo contrario.
Costa Rica tiene la oportunidad de construir un ecosistema donde bancos, empresas tecnológicas, reguladores y nuevos actores financieros aprovechen una infraestructura que ya existe para desarrollar mejores soluciones.
La innovación financiera funciona cuando obliga a todos los participantes a hacerse una pregunta muy sencilla: ¿cómo puedo ofrecerle algo mejor al usuario?
Más competencia genera presión para ofrecer mejores productos, mayor transparencia, menores fricciones y experiencias más simples.
Y quien termina ganando es el consumidor.
El dinero cambió
Hay otra conversación que Costa Rica necesita comenzar a tener con mayor naturalidad: los activos digitales.
Durante mucho tiempo hablar de criptomonedas significó hablar casi exclusivamente de especulación. Esa visión resulta cada vez más limitada.
La conversación internacional está avanzando hacia stablecoins, tokenización, pagos digitales y nuevas infraestructuras capaces de conectar el sistema financiero tradicional con activos digitales.
El futuro no necesariamente será una elección entre banca o cripto.Probablemente será una integración de ambos mundos.
Desde Artemis partimos precisamente de esa idea. No creemos que una persona debería tener que pensar en sistemas financieros separados para administrar los distintos tipos de activos que forman parte de su patrimonio.
Estamos construyendo una plataforma sobre infraestructura bancaria local que permite integrar cuentas en colones y dólares con IBAN, transferencias mediante SINPE y activos digitales dentro de una misma experiencia.
No buscamos crear un sistema financiero paralelo. Queremos demostrar lo que es posible construir sobre el sistema que Costa Rica ya tiene.
La próxima innovación financiera puede salir de Costa Rica
Tenemos una ventaja que muchas economías quisieran tener: infraestructura, conectividad, talento y una población que ya adoptó masivamente herramientas financieras digitales.
El reto de los próximos años será aprovechar esas condiciones.
Eso requiere regulación que proteja al consumidor sin cerrar las puertas a la innovación; empresas dispuestas a competir con productos realmente diferentes; bancos abiertos a evolucionar; y consumidores con mayores conocimientos y herramientas para decidir qué hacer con su dinero.
La banca del futuro no debería obligar a las personas a adaptarse a las limitaciones de una institución. Debería adaptarse a la forma en que las personas viven, trabajan, ahorran, invierten y utilizan su dinero.
Costa Rica ya construyó buena parte de la infraestructura necesaria para hacerlo posible.
Ahora nos corresponde construir sobre ella la banca del futuro.




































