Enviar
Jueves 28 Junio, 2012

Traficando infancia

Sentado al fondo del salón de clase, fingía de vez en cuando escuchar a la maestra. El divisor y el dividendo eran garabatos que se movían al ritmo de la danza reguetonera más sonada esos días. Sus ojos perdidos… dilatados… y su cuerpo que respondía con movimientos bruscos al efecto que el exceso de azúcar del último recreo había dejado en sus venas.
Con voz sigilosa y la mirada atenta a cada movimiento del salón, Juancito se abalanza decidido sobre su compañerito Esteban, un rosado y regordete pre-puberto que no veía más que el momento del timbre al mediodía para correr a casa por su almuerzo.
—¡Steban, Steban! —acortaba mientras llamaba la atención del niño hacia su bulto—. ¡Vea lo que traje!
Los ojos —hinchados de sorpresa y exaltación— ya no se despegaban del contenido infame y peligroso de aquel bulto transformado en caleta, con bolsas y paquetes de todos los colores y sabores, mientras ambos comenzaban su charla de media mañana.
Aquellos eran días duros para los escolares ticos. La generación de quinto grado de 2015 había sido testigo de cómo habían cambiado las cosas desde que hace algunos años, un señor de pelo largo prohibió ciertos alimentos en las escuelas.
—¡Juancho! ¡Qué bárbaro! Si la niña se da cuenta nos castigan. ¿Dónde consiguió eso?
—Tengo un amigo, el compa trabaja en la esquina. Es un chino que le decimos Fu. No hace preguntas, uno llega con la plata y nada más escoge el producto. Usted sabe cómo es…
—¿En serio?, pero y ¿cómo hace cuando no nos dejan salir en el recreo?
—¡Shhhh! No diga nada, Tito me presentó a un compa suyo que se arrima a la malla. La señora de la soda no sabe, ni la Directora. Igual, él nos pasa cosas a escondidas.
Mae Juancito, si se dan cuenta que usted tiene eso lo van a echar. Guarde, guarde.
—Qué importa!, de por sí mis papás saben. Es más, usted no sabe lo que dice mi papá que hacía antes.
—¿Qué hacía?
- Mae, dice mi papá que ellos agarraban las papitas y les echaban salsa de tomate y mayonesa, y las revolvían…
—¿Qué? ¿Está loco? Qué papá más vicioso el suyo, ¡eso de mezclar sí está fuerte! ¿Y no necesitó rehabilitación? ¿Cómo hizo?
—Diay, no sé, pero eso no es nada, dice mi mamá que ella hasta llegó a probar el polvito blanco.
—¡Está loco! ¡No juegue con eso, no invente!
—Mae sí… Dice que ella le llegaba a pedir leche en polvo a mi ‘agüela’ y la revolvía con azúcar… y que ahí en clase repartían… y que hasta la maestra se apuntaba!
—Juancito, pero ¿por qué a los papás antes los dejaban y a nosotros no?
—Diay, no sé. Seguro con eso del amor y la paz a los maestros no les preocupaba tanto qué comían los niños. Pero bueno, ¿qué? ¿va a querer que le venda algo o qué?...
—Es que me da miedo… Déjeme ‘las tres’.
-No, no, de gratis nada. ¿O usted qué cree, que a mí me regalan la mercancía?

La clase había avanzado. La maestra había pasado ya a las ciencias y explicaba sobre la importancia del ejercicio físico para el cuerpo humano… todos, sentados, inertes ante el movimiento de la tiza, intentaban entender de qué hablaba.

Luis Valverde
[email protected]