Carlos Denton

Carlos Denton

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Miércoles 13 Enero, 2016

 Ahora cuando se oye la retórica de algunas figuras políticas del gobierno nacional con respecto a Nicaragua, es posible preguntar si no están buscando algún gane en futuras contiendas electorales al ser tan beligerantes en su postura contra los nicas

Prioridad en las relaciones exteriores

Cuando los gobiernos establecen prioridades en lo que son sus relaciones hacia el exterior, una alta prioridad siempre tiene que ser los nexos con los vecinos inmediatos. No se requiere explicación —allí están los más próximos y hay vínculos de todo tipo con estos, incluyendo los comerciales, culturales, sociales, y políticos. No le sirve a ningún país tener una relación conflictiva con sus vecinos.
Se entiende que durante el conflicto de Isla Calero y su adjudicación en el Corte de La Haya las relaciones con Nicaragua tendrían que ser un poco frías. Pero ya vino el veredicto, no hay duda que favoreció a Costa Rica, y los vecinos del norte lo recibieron con hidalguía y ecuanimidad.
Ahora una alta prioridad de la Cancillería debería ser un acercamiento con los nicaragüenses. Ya no es un momento oportuno para estar criticando y metiéndose en los asuntos internos del vecino del norte. Más de 100 mil costarricenses viajan a Nicaragua cada año como turistas; aquí al país llegan visitantes y también un número sustancial de moradores nicas.
Muchas empresas ticas tienen inversiones en Nicaragua y les va muy bien. Además los costarricenses tienen que mover miles de furgones llenos de productos de exportación a todo Centroamérica; aunque van para Guatemala, Honduras, México, o El Salvador, primero tienen que pasar por Nicaragua. El proyecto del ferri a El Salvador puede ser interesante para algunos, pero la realidad es que hay que cruzar al territorio nicaragüense.
La Cancillería podría señalar la situación de los migrantes cubanos, que no pudieron pasar por Nicaragua, como un ejemplo de agresión del Gobierno en Managua. Pero los cubanos llegaron a Centroamérica sin visas buscando pasar clandestinamente. Costa Rica decidió aceptarlos, y Nicaragua no. Esa decisión del Gobierno nicaragüense es una que tenía todo el derecho de tomar; no tiene la obligación de pasar a los 7 mil refugiados por su territorio. Los vecinos no están impidiendo que entren ticos —¿cuál es el problema?
Cuando el gobierno de Daniel Ortega incursionó en Isla Calero, él quiso convertir esa acción en una para rectificar una situación injusta; rezaba que los ticos “estaban tomando tierras que no eran de ellos”. Manejó todo el asunto en 2010 con tanta habilidad que pudo ganar las elecciones presidenciales fácilmente en 2011; la retórica dio fuerza a las llamas del nacionalismo y logró mantenerse en el poder.
Ahora cuando se oye la retórica de algunas figuras políticas del gobierno nacional con respecto a Nicaragua, es posible preguntar si no están buscando algún gane en futuras contiendas electorales al ser tan beligerantes en su postura contra los nicas. ¿Habrá una candidatura presidencial para 2018 tapada en las declaraciones de algunas figuras?
Para los habitantes de Costa Rica y de Nicaragua lo que más les serviría es que sus gobernantes buscaran un acercamiento. Es más, si hubiera una mejor relación no aparecerían historias de maltratos y de enredos en un lado u otro para los nacionales.


Carlos Denton

 

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