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Jueves 8 Mayo, 2008

Para qué tanta plata

Wilmer Murillo
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Hay suficiente cantidad de dinero en la banca, los fondos de capitalización, y los fondos de pensiones, para invertirla localmente en obras de infraestructura, pero la gente parece tener miedo.
Los empresarios temen a la falta de transparencia, y el respeto a la juridicidad de los contratos firmados.
Toda esa masa de dinero, y fondos adicionales, podrían repatriarse para invertirlos en autopistas y muelles principalmente, para estimular la producción y el turismo. No obstante, es algo que no depende ni de los bancos ni de los empresarios, sino de leyes inadecuadas.
Seguramente nadie desee invertir en una carretera sin la garantía de que va a recuperar la inversión en 25 años. Pero además, el país está rezagado en competitividad y no hay que ir a Irlanda para compararnos con nadie. Aquí mismo en Centroamérica se ofrecen incentivos que no hay en Costa Rica.
La banca ha propuesto, solo tímidamente algunas herramientas financieras para impulsar el mercado bursátil y llenar el vacío que en materia de infraestructura adolece el país.
La alta cantidad de recursos de las operadoras de pensiones, son alicientes para figuras que en otros países son utilizadas para construcción de carreteras, proyectos turísticos y aeropuertos, por la ventaja que ofrecen de no incrementar la deuda interna. Sin embargo, es generalizada la escasez de papel e instrumentos necesarios para canalizar esos recursos al desarrollo. No se está dando esa movilización de capital privado hacia obras públicas que generen desarrollo económico.
Ante la inseguridad jurídica, los inversionistas hablan de plantear cláusulas en su contratos para evitar la injerencia estatal, que sí es constante y abundante. Y ciertamente deben participar activamente para que el Estado no intervenga en sus negocios, facilite la apertura comercial y como en el caso de Costa Rica que modernice sus aduanas, conforme a las prácticas globales de comercio.
La abundancia de dinero ha resultado inútil para generar desarrollo y construir las necesarias obras de infraestructura que requiere el país.
El exceso de liquidez en la economía es un reconocido fenómeno explicado por fuertes ingresos por turismo, servicios, capitales en busca de ganancias y decisiones de inversión previamente adoptadas por empresas extranjeras instaladas en Costa Rica.
Esos recursos han terminado en las arcas bancarias, sumándose a los abultados fondos de pensiones y de inversión. Pero toda esa montaña de dinero está ociosa.
Dada la situación económica que vive el país los empresarios se muestran recelosos de provocar una demanda de recursos para proyectos de gran envergadura y optan por trabajar con mayor cautela.
No hay empresarios invirtiendo o demandando créditos grandes y a largo plazo, según los banqueros, y nadie está dispuesto a tomar créditos bancarios e invertir en proyectos importantes mientras las cosas no estén claras.
El Estado debe reorientar, por lo tanto, su lucha y reducir la corrupción, proveer redes de protección social, reformar el sistema judicial y resolver problemas transitorios generados por la liberalización de los mercados laborales.
Finalmente, deberá estimular un incremento del comercio con el resto del mundo.
La eliminación de obstáculos probablemente ponga a la economía a jalar más duro. De lo contrario de qué sirve tanta plata.