Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 26 Agosto, 2010


De cal y de arena
Nuestros agujeros negros

El lavado de dinero procedente de operaciones ilegítimas, la fuerte depreciación del dólar, la gran concentración de las principales actividades económicas en pocas pero poderosas e influyentes manos… estos hechos hacen parte del enorme agujero negro de la economía costarricense del que las autoridades prefieren guardar distancia y rehuir el debate. El Ministro de Gobernación ha advertido con franqueza las peligrosas dimensiones de los negocios del narcotráfico en nuestro territorio, de lo que da fe la sangría desatada en los ajustes de cuentas de los pequeños, medianos y grandes capos. Y si el país es puente para el tránsito de la droga, por lógica derivación hay que concluir que los precios de fantasía con que se están transando fincas urbanas y rurales y esos faraónicos desarrollos urbanísticos que aparecen por acá y acullá, en alguna medida se inscriben en la logística de los carteles afanosos de lavar su dinero sucio. Si desde el ministerio que comanda José María Tijerino se aborda sin tapujos asunto tan peligroso, entre banqueros y economistas esto es tabú. Con salvadas excepciones que encuentran canal de expresión en entrevistas a la periodista Amelia Rueda, quien trata de meterle el bisturí a este cáncer, de ello no hablan. Se apela a las virtudes que le ven a la política cambiaria para explicar que el capital golondrina y el capital especulativo se han ahuyentado. Algún campanazo de alarma han dado Jorge Guardia y Gerardo Corrales. Otros, como el marido adornado, seguramente serán los últimos en quitarse la venda de sus ojos para ver que los paraísos fiscales y la banca off-shore son solamente unas vías propicias para el tránsito del dinero negro y que la lavandería rebasa sus ámbitos.
La política cambiaria, esa que abre espacio a la especulación de la que no quiere hablarse y al castigo de la economía exportadora, dícese que hace parte del abatimiento de la inflación. Se sacan a relucir los índices de precios al consumidor donde unos cuantos rubros agrícolas se han abaratado. Son datos que aporta el INEC, fríos y matemáticos, que no desgranan cada caso. Nada que ver el bajo valor del dólar cuando el precio de los insumos con componente importado no baja en absoluto y los precios de las líneas dominadas por actores en condición de monopolio o de oligopolio se comportan con total prescindencia de las políticas del Banco Central. Puede más una saturación del mercado internacional del plátano que obliga a retener el producto aquí y hace bajar el precio. Igual si el clima se convierte en un aliado del agricultor y que igual hace inundar el mercado. Por ahí se abate el precio; no por la política cambiaria del instituto emisor. Dadas las abusivas potestades con que se mueven monopolios y oligopolios, los precios entran en la franja de sus discreciones con bastante independencia de lo que le ocurra al dólar y al colón, por gracia de un Estado sometido a sus influencias y desentendido del mandato constitucional de impedir toda práctica o tendencia monopolizadora. Tómese nota, si no, de lo que está ocurriendo en el mundo de las ferreterías y preparémonos para las secuelas de la concentración.

Alvaro Madrigal