Jorge Calderón
Director de Asuntos Corporativos de AstraZeneca para Centroamérica y Caribe
Nos encontramos en un mundo donde la innovación tecnológica y científica marca el ritmo del desarrollo, por lo que resulta imposible ignorar la urgencia de cerrar las brechas de género en las áreas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas). En Costa Rica, aunque las mujeres superan a los hombres en la culminación de estudios universitarios, apenas representan el 15% de los graduados en carreras STEM. En Ingeniería Mecánica, por ejemplo, la matrícula femenina apenas alcanza el 12%, 15% en Ingeniería Informática y 16% en Ingeniería Eléctrica, estas cifras aumentan aún más al 61% en Biología y Química y 71% en Medicina, una desigualdad que no es solo un problema de participación; es un freno al potencial de transformación social y económica del país.
La situación en el mercado laboral refleja un panorama similar. Según datos del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Telecomunicaciones (MICITT), las mujeres representan apenas el 26% de la fuerza laboral en ocupaciones STEM y el 33% entre investigadoras registradas oficialmente. En la industria de tecnologías de información (TI), menos del 20% de los empleos están ocupados por mujeres, mientras que en biotecnología el porcentaje asciende al 42%.
En este contexto es que AstraZeneca Centroamérica y Caribe (CAMCAR), crea un programa de co-responsabilidad social, llamado ESTRELLAZ, el cual es desarrollado junto a la Fundación PANIAMOR, el Ministerio de Educación Pública desde la Dirección Regional de Cartago y múltiples aliados estratégicos del sector público y privado, impactando en tan solo tres años a 750 adolescentes mujeres, más de 400 familias y alrededor de 300 docentes, gracias al compromiso de 120 voluntarios que han sumado más de 2.500 horas de acompañamiento. No se trata de cifras aisladas, detrás de cada número hay vidas transformadas, vocaciones descubiertas y un nuevo horizonte de posibilidades para quienes antes tenían la ciencia como un sueño distante.
Y es que, el mayor logro de ESTRELLAZ es precisamente su enfoque integral. El programa no se limita a ofrecer formación técnica, sino que articula un ecosistema de apoyo que involucra a docentes, familias, instituciones educativas y gobiernos locales. Con este enfoque, se construye una red comunitaria que sostiene a las jóvenes más allá del aula, permitiéndoles afrontar con confianza los desafíos de insertarse en ámbitos tradicionalmente dominados por hombres.
Si consideramos el acceso a las carreras STEM y la empleabilidad, queda claro que las alianzas son clave en esta historia. Se trata de una tarea que beneficia al futuro del país y que solo puede consolidarse mediante espacios seguros donde las mujeres puedan desarrollarse. A la fecha, se han sumado al programa universidades públicas y privadas —como la Universidad de Costa Rica, la Universidad Nacional y el Tecnológico de Costa Rica—, empresas tecnológicas globales como Microsoft, Pearson y Amazon, así como diversas instituciones, entre ellas la Asociación ALAS y el CENIBiot. Por su lado, entidades como PROCOMER, la Municipalidad de Escazú y la Fundación Forward se han unido para ampliar el impacto y llevar el proyecto a nuevos territorios. Cada colaboración refuerza el mensaje de que la equidad de género en la ciencia no es un ideal lejano, sino una necesidad compartida que impacta directamente en la competitividad y el desarrollo sostenible.
Los resultados empiezan a ser visibles. En las últimas dos décadas, el número anual de mujeres graduadas en ciencia y tecnología subió de aproximadamente 1.000 a 5.000, aumentando su participación del 39.8% al 50.5% entre el total de graduados en estas áreas. Sin embargo, la brecha persiste en su incorporación al mercado laboral, pues menos del 20% de los empleos en tecnologías de la información están ocupados por mujeres. De ahí la importancia de programas como ESTRELLAZ, que no solo forman, sino que también empoderan y acompañan en el tránsito hacia la empleabilidad.
La pregunta, entonces, no es si debemos apoyar más iniciativas de este tipo, sino cómo podemos acelerar su expansión. Costa Rica tiene el talento y las condiciones para convertirse en un referente regional en la reducción de la brecha de género en STEM. Pero lograrlo requiere la suma de esfuerzos, donde se involucren más empresas comprometidas, gobiernos locales visionarios, instituciones académicas innovadoras y una sociedad civil que crea en la igualdad de oportunidades.
ESTRELLAZ ha demostrado que la transformación social es posible cuando la ciencia se convierte en un vehículo de inclusión. Cada adolescente que encuentra en este programa la motivación y el apoyo para perseguir una carrera científica se convierte en embajadora de un cambio cultural profundo. Porque no se trata solo de preparar ingenieras o investigadoras, se trata de formar líderes capaces de impulsar la innovación, la equidad y la resiliencia en nuestras comunidades.
La ciencia necesita de las mujeres, y las mujeres necesitan que la ciencia les abra sus puertas. Esa es, quizá, la ecuación más poderosa para construir un futuro más justo, sostenible y competitivo.




































