En entrevista exclusiva, Francisco Rojas, rector de la Universidad para la Paz, analiza los 45 años de la institución en Costa Rica y su crecimiento en otros continentes.
También detalla la cooperación con China, desde programas doctorales hasta intercambios educativos, y explica por qué el principio de “una sola China” sigue marcando la política internacional.
Asimismo, advierte sobre el debilitamiento del multilateralismo y la necesidad de formar líderes capaces de transformar conflictos en un mundo cada vez más inestable.
¿Cuál es el contexto actual de la Universidad para la Paz, su historia en Costa Rica y su rol dentro de la institución?
Este año la Universidad cumple 45 años de existencia. Lo conmemoramos el 5 de diciembre, fecha en que la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó su establecimiento en Costa Rica mediante la resolución 3555, en 1980.
El origen de la Universidad está ligado a la crisis centroamericana. Tras el bombardeo de Somoza cerca de la frontera, el presidente Rodrigo Carazo viajó a Nueva York y, en lugar de pedir cascos azules, propuso crear una universidad dedicada a la resolución de conflictos, la tolerancia y la convivencia pacífica, tal como señala la Carta de la UNESCO.
Naciones Unidas formó una comisión que, en menos de dos años, aprobó la creación de la Universidad para la Paz.
Hoy, dentro del sistema de la ONU, existen dos entidades universitarias: la Universidad de la ONU en Tokio y la Universidad para la Paz en Costa Rica.
Durante sus primeras décadas, la Universidad centró su trabajo en la crisis centroamericana. En 1999, durante la visita del Secretario General Kofi Annan, se plantearon tres cambios: desarrollar un programa ambiental fuerte, crear programas de formación de líderes para la paz en África y adoptar el inglés como idioma de trabajo. A partir del año 2000, la Universidad experimentó una transformación importante.
El cambio más profundo ha ocurrido en los últimos 10 a 12 años, con la expansión global de la institución. Hoy, la Universidad para la Paz tiene presencia en cuatro continentes, excepto Australia, y desarrolla actividades en 12 ciudades del mundo.
Entre las más destacadas están los programas en África, incluida una sede en Somalia con maestrías y doctorados; un programa doctoral en Pekín sobre liderazgo y desarrollo sostenible; programas en Italia junto con UNICRI (Instituto Interregional de las Naciones Unidas para Investigaciones sobre la Delincuencia y la Justicia) en Turín; una oficina en Roma dedicada al impacto de la inteligencia artificial; actividades diplomáticas y humanitarias en Ginebra; y programas académicos con los Emiratos Árabes en Bahréin.
También contamos con un doctorado en comercio y diplomacia en Malta, presencia en La Haya para temas judiciales internacionales y coordinación de actividades africanas desde Addis Ababa.
En Uganda hemos formado cinco generaciones de policías en derecho internacional y derechos humanos, además de programas en Senegal y otros países. En Asia tenemos actividades en Manila, Filipinas.
En América, mantenemos sedes y programas desde Costa Rica. En Colombia trabajamos con las universidades de Cali y Santander en programas de posconflicto, gobernanza y derechos humanos. En Honduras hemos apoyado procesos de formación para el sector público. Con El Salvador trabajamos en programas para la reintegración de personas liberadas de prisión. También tenemos proyectos con México y con el MERCOSUR (Mercado Común del Sur).
En Costa Rica ofrecemos una maestría ejecutiva en español e inglés, apoyada por el Colegio de Abogados, y un programa ambiental y de desarrollo sostenible. Además, contamos con dos cátedras: una sobre movilidad humana, vinculada al Proceso de Quito, y otra sobre comercio ilícito y crimen organizado. En 45 años hemos graduado a unas 8.000 personas.
Cada tres años el Secretario General presenta a la Asamblea General de la ONU un informe sobre el trabajo de la universidad. Yo presenté el más reciente en octubre pasado. Además, la Universidad tiene estatus de observador tanto en la Asamblea General como en el Consejo de Derechos Humanos en Ginebra.
Sobre la relación de la Universidad con China, ¿cómo han trabajado a nivel local con la Embajada de China?
Nuestra relación con China data de aproximadamente de 2006. Un consejero chino integra el Consejo Superior de la Universidad. En 2009 celebramos una sesión del Consejo en China, y el Estado chino reconoce los títulos que otorgamos.
Antes de la pandemia, el China Scholarship Council otorgó 30 becas para estudiantes chinos en nuestra universidad. Tras la pandemia, China cambió su política para atraer estudiantes extranjeros, pero mantenemos cooperación con universidades como Beijing Foreign Studies y Hebei University, que han enviado estudiantes a Costa Rica en los últimos años.
La creación de nuestra oficina en China permitió desarrollar el programa doctoral en liderazgo y desarrollo sostenible. Tenemos una relación fluida con la Embajada China en Costa Rica y los estudiantes chinos suelen participar en sus actividades.
También hemos colaborado con la Embajada en eventos globales y debates sobre diversos temas, incluido este año la conmemoración del triunfo sobre el fascismo previo a la Segunda Guerra Mundial.
En nuestro último viaje a China visitamos diferentes provincias, incluyendo Hainan, donde el gobierno impulsa un proyecto educativo de gran escala. Nuestros colegas exploran la posibilidad de desarrollar allí actividades docentes.
En el norte del país también se abrió un pequeño centro de investigación asociado a nuestra oficina en Pekín. La Embajadora ha asistido a las últimas dos graduaciones de estudiantes doctorales chinos en Costa Rica.
Este año hay pocos estudiantes chinos en la Universidad porque la mayoría ya concluyó sus estudios. Para el próximo año esperamos entre 15 y 20, dependiendo del proceso de inscripción.
¿Cuántos estudiantes tiene la Universidad en general?
Después de la pandemia, los estudiantes de posgrado prefieren modalidades virtuales o híbridas. Ofrecemos programas presenciales, híbridos y en línea. En el campus tenemos entre 70 y 100 estudiantes; este año alrededor de 75 presenciales y entre 150 y 200 en línea. A nivel global, unos 700.
¿La mayoría de los estudiantes son becados?
Depende. Algunos pagan su matrícula, otros solicitan reducción y un comité académico lo evalúa. Contamos también con becas externas. Por ejemplo, el DAAD alemán financia entre seis y siete becas para centroamericanos. Durante muchos años, la Nippon Foundation sustentó 30 becas anuales (15 japoneses y 15 del sudeste asiático), formando a más de 500 líderes. Estamos conversando para reactivar un nuevo programa similar.
El Colegio de Abogados ha apoyado con becas en el área de resolución de conflictos. Tenemos una maestría en línea sobre religión y estudios de paz financiada por la World Muslim League, con participación del Vaticano, el Congreso Mundial Judío y representantes musulmanes. También firmamos un memorando de entendimiento con el papa Francisco, ratificado posteriormente por el papa León XIV.
¿Cuál es el aporte de China, como nación, a la paz, el desarrollo sostenible y la educación global?
China invierte millones de dólares en educación e infraestructura educativa.
Respecto a los temas más globales, China es miembro del Consejo de Seguridad, por lo tanto, es corresponsable también, de alguna manera, de lo que allí se decide y cómo eso afecta a la Asamblea General y a los aspectos más generales del sistema internacional.
Hoy, a 80 años de Naciones Unidas, en un contexto donde el sistema internacional dejó de ser de normas y leyes, y donde prima la fuerza, las opiniones de países como China son fundamentales.
China ha destacado que la coexistencia pacífica, el desarrollo de relaciones de cooperación, el reforzamiento del multilateralismo son un aspecto central.
Se ha señalado, particularmente en Occidente, que China, a raíz de Ucrania y de todo eso, estaría considerando acciones armadas o una eventual intervención armada en el caso de la provincia de Taiwán. El mundo ha reconocido que Taiwán es parte de una sola China. Pensar que China pueda tomar una acción armada, yo creo que no es entender adecuadamente el problema.
Dentro de Taiwán hay posiciones diversas: desde quienes promueven una rápida independencia hasta quienes favorecen mayor integración. China mantiene su postura de una reunificación gradual, similar a los casos de Hong Kong y Macao, y esa política sigue vigente.
Vivimos un contexto de amenazas, desinformación y debilitamiento del sistema internacional. Ante ello, China subraya la importancia del multilateralismo y la cooperación.
Sobre desarrollo sostenible, ¿la Universidad tiene programas específicos en esta área?
Sí. El programa que desarrollamos en China sobre liderazgo y desarrollo sostenible forma parte de nuestro departamento de Medio Ambiente y Desarrollo. También tenemos desde antes de 2010 una maestría junto con American University sobre recursos naturales, con especialidades en agua, alimentos, desarrollo sostenible y recursos naturales.
Además, la Universidad es uno de los tres vicepresidentes encargados de promover y evaluar los avances académicos en el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 16. Antes tuvimos ese rol en el ODS 12. Entre los aspectos transversales de todos nuestros programas destacan:
1- La perspectiva de Galtung, que entiende la paz como justicia, dignidad, inclusión y participación.
2- La transversalidad ambiental y la protección del planeta.
3- Las políticas de género y la participación de la mujer en la resolución de conflictos.
4- Los derechos humanos como eje permanente.
De cara al futuro, ¿dónde le gustaría ver mayor colaboración con China, tanto en el país como a nivel local con la Embajada?
Sería ideal contar con 10 o 15 becas promovidas por la Embajada para que estudiantes chinos vengan a estudiar a la Universidad. Quienes han venido lo han hecho tanto en programas en español como en inglés.
Estamos completamente dispuestos a colaborar en debates globales sobre el sistema multilateral. El sistema internacional se ha debilitado notablemente y no está claro hacia dónde se dirige. Algunos prevén tres grandes bloques; otros hablan de un plurimultilateralismo con países emergentes como Brasil, Turquía, Indonesia o India. También se plantean alianzas diplomáticas temáticas en áreas como energía, alimentos o recursos naturales.
En los 80 años de Naciones Unidas, cuando la organización está bajo presión, es fundamental pensar en un multilateralismo cooperativo, democrático y eficiente. Todos los conflictos terminan en una mesa de negociación, y necesitamos más líderes capaces de prevenirlos y transformarlos. De ahí la importancia de la educación para la paz, que es la esencia de nuestra misión.




































