Edwin Montealegre viajó para estudiar mandarín y terminó fundando una empresa dedicada a producir conciertos con orquesta y coros
Cuando Edwin Montealegre llegó a China, no imaginaba que años después estaría dirigiendo coros, produciendo conciertos y levantando una empresa en uno de los centros culturales más dinámicos del mundo.
Tras graduarse del Conservatorio de Shanghái, posicionado en el #10 en el ranking nacional, enfrentó la etapa que viven muchos estudiantes internacionales: decidir qué hacer después del título.
“Después de que me gradué hay un momento como de búsqueda de qué hacer y al final decidí quedarme en Shanghái y establecer mi compañía”, dijo Edwin.
Hoy, lidera una empresa de producción musical, que organiza conciertos con orquesta y coros y explora repertorios que viajan entre lo clásico y propuestas contemporáneas.
Según Montealegre, crear una empresa en China fue menos complicado de lo que esperaba.
“Ha sido interesante, no ha sido tan complicado como yo hubiera pensado, pero sí tiene sus cosillas, su burocracia. Pero yo creo que es más sencillo que tener una empresa en Costa Rica”, señaló.
El emprendedor inició el proyecto sin socios locales; comenzó, junto con su compañera, a desarrollar la idea de producir conciertos, aunque no descarta la idea de establecer alianzas en el futuro.
Ese arranque “despacito”, como él lo describe, ya empieza a tomar forma y este año realizó varios conciertos, incluido uno en la iglesia remodelada Puji Gongjian, con capacidad para 300 personas, junto al coro Shanghái Young Ladies Choir.
Más adelante la empresa dio un salto mayor con presentaciones en dos salas del Oriental Arts Center, uno de los complejos culturales más destacados de Shanghái.
“El 10 de octubre tuvimos dos presentaciones, uno que es para 1.200 personas y otro para 1.900”, detalló.
En diciembre tendrá un concierto para 1.000 asistentes y ya prepara dos presentaciones orquestales para inicios de enero en Suzhou.
“Ahorita ya hemos aprendido… estamos en una curva de aprendizaje. Para el otro año esperamos al menos unos 10 conciertos durante todo el año”, adelantó Edwin.
Un público joven para la música clásica
China es hoy uno de los países donde más crece la educación musical, y Montealegre lo ve cada semana en los teatros.
“Aquí están viniendo las grandes figuras de la música clásica alrededor del mundo, cada semana viene gente muy importante Hay gente muy joven y hay chicos. Un dato interesante es que ahorita en China hay 40 millones de personas aprendiendo piano. Esa magnitud crea una audiencia exigente y muy bien formada”, agregó.
Navegar entre idiomas y conectar con el público
Aunque su mandarín no es tan bueno como quisiera, asegura que va mejorando y en los conciertos intenta interactuar en ambos idiomas.
“Ya logro entender muchísimo más. Cuando vengo a un sector extranjero, usualmente no esperan que les hable mandarín. Entonces, desde que uno les habla, la gente se vuelve muy contenta y aplaude”, comenta.
Música como puente cultural
Aunque su emprendimiento se centra en la producción de conciertos, Montealegre dedica buena parte de sus esfuerzos al intercambio cultural entre China y Costa Rica.
Este año visitó el país y trabajó con una orquesta de Cartago en un proyecto musical que unió piezas de ambos países.
“Montamos Caña Dulce (Costa Rica) y La Flor del Jazmín (China), un nuevo arreglo que hicimos. Tuvo muy buena recepción. Hubo mejor recepción aquí en China que por allá. La música despierta curiosidad inmediata. Cuando estaban tocando La Flor del Jazmín, estaban todos emocionados y querían saber más de la cultura china. Es muy interesante cómo por medio de la música se da una conexión”, dijo el empresario.
Una vida cotidiana que cambia la mirada
Vivir en Shanghái, asegura, transformó su visión del mundo: “A uno se le abre la visión… las cosas son de otra forma, totalmente distinta que uno jamás se hubiera imaginado”.
También le impresiona la diversidad gastronómica y la infraestructura cultural. Compara los teatros chinos con los costarricenses y destaca la dimensión de los complejos artísticos: salas múltiples, cines, galerías y actividades que convierten la visita al teatro en una rutina atractiva.
Montealegre reconoce que vivir en Shanghái transformó sus expectativas sobre lo que es posible.
Su reto ahora es seguir creciendo con su startup y, eventualmente, llevar a Costa Rica parte de esa visión




































