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Una serie de situaciones de vieja data, que no han sido atendidas adecuadamente, agobian a sectores económicos y sociales que optan por hacer fuertes reclamos

Crecen presiones

A la “olla a presión” en que parece haberse convertido el país, tal como lo señala una publicación de LA REPUBLICA el viernes anterior, se sumarían probablemente otros ingredientes que no han hecho más que irse calentando y quedar listos para aumentar dicha presión, sin que se les ponga la debida atención.
Una serie de situaciones de vieja data, que requerían un manejo enérgico, eficiente y sin demoras, no han sido atendidas de ese modo y los sectores económicos y sociales optan por hacer fuertes reclamos, cansados ya de no ser escuchados.
La intención de adelantar el inicio de clases para enero y distribuir las vacaciones en tres tractos levantó a los sindicalistas del sector educativo.
Los sindicalistas de Japdeva y los exportadores bananeros se unieron para traerse abajo la concesión del puerto de contenedores de Moín.
Ambientalistas y el expresidente Abel Pacheco se manifestaron en oposición a que se dé en concesión la exploración y posible explotación de petróleo y a que se desarrolle la mina Bellavista.
El intento de fuga de varios reos de la sección de máxima seguridad de la Reforma dejó al descubierto las deficiencias para controlar a la población carcelaria.
La queja es constante por la situación de la infraestructura en el país en la que el estado deplorable de los puentes alarma a la población que teme se produzca el colapso de alguno de ellos. Situación que ya en el pasado reciente ha producido pérdidas de vidas humanas además de las materiales.
Importantes medidas que el gobierno podría tomar contribuirían quizás a disminuir el apremio, pero por el momento lo que ocurre es lo contrario. Nuevos componentes aumentan la tensión.
Por ejemplo, los propios trabajadores de la Caja se sienten burlados al ver que las serias dificultades que tiene la institución para brindar los servicios adecuadamente no puedan comenzar a mejorar, entre varias razones porque la deuda del Estado con esa institución no se paga. Tampoco se hacen las gestiones para cobrarle la deuda con la Caja al sector privado.
La inacción no hace más que empeorar situaciones que deben ser atendidas con inteligencia y buen tino, anteponiendo el bien del país a cualquier otro interés para salvar a Costa Rica de males peores.



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