Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 29 Noviembre, 2012

Su fallida experticia (del gobierno) para aprobar una reforma tributaria meses atrás se neutraliza con la alternativa de los servicios de caja chica de RECOPE


De cal y de arena

Combustibles presos de un perverso mecanismo

Es tan perverso el mecanismo que rige la fijación del precio de los combustibles en Costa Rica que ya ni las rebajas al valor al detalle provocan alegrías. Críticas sí, por el marcado retardo en la aplicación de un ajuste hacia abajo que debió llegar mucho antes en vista de que el precio del crudo en los mercados internacionales se ha estabilizado y se ha valorizado el colón respecto al dólar.
Las rebajas no terminan de anunciarse cuando aparece la pronta trepada del precio al consumidor. Todo por la concurrencia de una serie de factores que distorsionan lo que sería el valor real si en Costa Rica no concurrieran perversos influjos en la determinación del precio y que están causando, entre otros efectos, un fuerte impacto en los índices de inflación y en el costo de vida, mucho por la incidencia que tienen los combustibles en los sectores fabriles y de transportes.
Ha habido alzas tan fuertes que duplicaron este índice, según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos.
Hay que empezar por que la empresa estatal creada para refinar no refina pero sí recarga sus costos operativos con el dispendio de unas instalaciones y una planilla que mejor servicio al país le estarían brindando si se redujesen sustancialmente, a tono con la realidad de que no se refina, solo se importa y distribuye.
Se hace dejación del principio del precio al costo, tortuosa vía por la que RECOPE puede acumular gruesos excedentes como el de ¢63 mil millones en 2010.
Cuando esto se destapó, la presión de la opinión pública obligó a ARESEP a reajustar el precio del expendio de la Refinadora. ¿Y si no hubiera trascendido?
Mucho influye en tan oneroso precio el hecho de que el gobierno central haya convertido a RECOPE en su caja chica. La empresa recauda el fruto de una carga impositiva muy fuerte, la más alta en Centroamérica, equivalente al 29% del precio.
De tal modo, el gobierno saca directa ventaja de los aumentos del valor de venta y encuentra una manera solapada de engrosar sus presupuestos sin tener que someterse a la criba política propia de todo expediente tributario: es bueno o no, se justifica tal monto o no.
Su fallida experticia para aprobar una reforma tributaria meses atrás se neutraliza con la alternativa de los servicios de caja chica de RECOPE.
Los factores que pervierten el mecanismo de costeo de los combustibles, no precisamente lo mejor para el consumidor y para la economía nacional, solo serán removidos cuando haya voluntad política para depurarlos.
No existe, precisamente, señal alguna que indique que el poder político va hacia allí. Ni en el gobierno que fue derrotado en su proyecto de reforma tributaria pero que ahora discurre tranquilamente con la gracia de esta caja chica, ni en una ARESEP que obviamente no tiene independencia como para proponerlo dentro de su misión fundamental de “armonizar los intereses de los consumidores, los usuarios y los prestadores de los servicios públicos”.

Alvaro Madrigal