Arnoldo Mora

Arnoldo Mora

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Viernes 29 Octubre, 2010


¿Autopista a Caldera o caldera del diablo?


El tema de la corrupción se ha vuelto en los últimos lustros en Costa Rica, lo que los españoles llaman “un tópico”, un asunto del que se ocupa la opinión pública constantemente.
Es dentro de esa atmósfera general que debemos analizar las palabras del ex presidente Oscar Arias, pronunciadas en una universidad privada, donde se supone reina la serenidad y se invita a la reflexión más que a externar reacciones que reflejan una inquietud personal y no tanto un tema preparado de antemano.
El medio político nacional percibió de inmediato lo poco convencional de esas declaraciones en un hombre cuya personalidad tiende a hacerlo sentir más allá del bien y del mal, ya que siempre ha considerado que su país no está a la altura suya.
Es por eso que los medios de comunicación y los observadores que le toman el pulso al día a día de nuestra vida política inmediatamente transcribieron esas declaraciones un tanto intempestivas.
Por su parte, los diputados de oposición reaccionaron con igual rapidez y firmeza. Por lo que cabe preguntarse ¿por qué Arias hizo esas declaraciones tan a la defensiva? ¿A qué le teme? Porque cuando alguien se defiende con tanta vehemencia es porque, de alguna manera, se siente “contra las cuerdas", como se dice en el boxeo. Más aún, fiel a su costumbre de culpar a otros de asuntos espinosos que son responsabilidad suya, cuando es él mismo quien debe dar la cara, trata de “tirarle la bola” al actual gobierno, diciendo que a él incumbía inspeccionar y llamar a cuentas, desde el primer día de haber asumido el poder, a la empresa que administra la autopista a Caldera.
No hay duda de que algo no deja dormir a nuestro Premio Nobel de la Paz. Quizás en sus nocturnas pesadillas ve el fantasma de dos de sus antecesores, que hoy calientan sillones no precisamente en Zapote, sino en los tribunales de justicia.
Un político tan experimentado como Oscar, debe tener serios motivos como para no tener el sueño tranquilo. Pero no es solo el ex mandatario el que debe tener escalofríos en la espalda. Quienes estuvieron al lado de él durante su desafortunado regreso a la presidencia, tendrán también razones para sufrir idénticas preocupaciones. Hablo, no solo de su hermano, hoy flamante y ambicioso precandidato presidencial del arismo, sino de las dos damas que estaban al frente del Ministerio de Transportes en ese entonces y que hoy guardan silencio sobre lo que hicieron o dejaron de hacer por aquellos días en que se dieron las supuestas irregularidades que hoy son tema cotidiano en los medios de comunicación y en comisiones, tanto de la Asamblea Legislativa como del Poder Ejecutivo.
¿Por qué guarda silencio y se mantiene “invisibilizada” doña Carla, persona que disfrutaba de ocupar amplios espacios en los medios de comunicación? Lo mismo cabe decir de quien fue su viceministra y hoy es jefe de fracción del oficialismo. ¿Qué tienen que decir sobre asuntos en los cuales estaban inmersas, como parte esencial de las responsabilidades que les incumbían en su condición de jerarcas del ministerio del ramo?
¿Estamos ante un escándalo más de esos que, según don Ricardo, no duran tres días, o ante una coyuntura que podría cambiar el panorama político de nuestro inefable país?
Para responder a tan cruciales interrogantes, pienso que debemos seguir con acuciosidad el desarrollo de las pesquisas que realicen sobre todo los diputados y los medios de comunicación, porque del oficialismo es difícil esperar algo más que dilaciones o declaraciones inocuas.

Arnoldo Mora