Dr. Eric Briones Briones
Doctor y Profesor en Derecho Laboral
Si bien, el título del presente resulta ser sugestivo y contundente, el mismo, debe ser entendido, que en aquellas labores en donde se puede aplicar la modalidad del teletrabajo, debería propiciársele y sacarse provecho, de cara a la nueva realidad social y generacional, que demandan situaciones distintas en el trabajo, a las que se han venido dando desde hace más de 200 años en el mundo.
Es que, en lo personal en más de 40 años de experiencia laboral, tanto en el sector privado como en lo público, se ha sido testigo, que, en muchos casos, las personas, solo hacen acto de presencia, durante su jornada y de allí no pasan. Y, por el contrario, con la enseñanza y afianzamiento que se ha dado -post pandemia Covid-19- de esta nueva modalidad de hacer trabajo, la producción personal como colectiva, ha aumentado.
Según datos, de la Universidad de Stanford, las personas teletrabajadoras son un 13% más productivos que sus compañeros que trabajan en oficinas de manera presencial. También que en los puestos administrativos de las instituciones estatales que han aplicado el teletrabajo su productividad aumenta en cerca del 30% y esto cada persona jefa, empresaria, gerente, representante patronal, lo puede comprobar en su diario quehacer laboral, a la hora de la evaluación del desempeño del recurso humano.
Pero esto, no se queda, ahí, sino que se ha venido desarrollando en el país, todo un marco jurídico, en pro del teletrabajo, de lo cual se puede rescatar la directriz no. 002-MTSS-MIDEPLAN, emitida por el presidente Dr. Rodrigo Chaves Robles y sus ministras (implementación del teletrabajo como modalidad ordinaria) o las propuestas de los legisladores, Licda. Aida Montiel (derecho al desconecte) y Lic. Alejandro Pacheco (teletrabajo en el extranjero).
Y es que, según estudios de la universidad de Australia del Sur, sobre el teletrabajo, se llega a una contundente conclusión, trabajar desde la casa hace a las personas más felices, por diversas razones, una de ellas y que es super importante, es que queda tiempo, para otras necesidades propias del ser humano, como dormir más, alimentarse mejor, hacer ejercicios, compartir en familia, lo cual, es más difícil, si se debe hacer todo el trayecto de ida y vuelta, a un trabajo de manera presencial, sin dejar de lado, la exposición a los riesgos naturales (https://www.huffingtonpost.es/sociedad/los-cientificos-estudian-cuatronos-impacto-teletrabajo-llegan-clara-conclusion.html).
No obstante y a pesar de los esfuerzos que se están haciendo (muchas veces en contra de los que se resisten a los cambios), hay un reto más que queda pendiente dentro del ámbito nacional -lo cual se está discutiendo en otras legislaciones- que es la valoración del teletrabajo como un derecho consolidado para las partes de una relación laboral, dentro de las políticas públicas que deben irse dando. Lo anterior, de cara a las nuevas realidades mundiales de productividad, de interacción tecnológica y de concepción generacional, de entender y atender el desempeño del trabajo humano, posterior a la invención de las computadoras, el internet, la inteligencia artificial, la robótica y otras invenciones que se aproximan y que son oportunidades para una vida más digna y confortable.





































