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Lunes 27 Agosto, 2007

"A la orilla del Telire"

Como agua cristalina en garganta seca, cayó en mis manos, por bondad de su autor, un pequeño libro de cuentos —tres para ser exactos— escrito por el abogado y ex presidente ejecutivo de la Caja de Seguro Social, Rodolfo E. Piza Rocafort, y titulado “A la orilla del Telire”.
De más está decir que me lo “bebí” en una noche porque el aguacero en Coronado llamaba a enfrascarse en la lectura, con cama, cobijas y un delicioso chocolate al estilo cubano, para, como diría mi madre, “entonarse un poco”.
No soy crítica literaria ni experta en lenguaje, vale aclararlo, pero como periodista, de vez en vez y de cuando en cuando, disfruto plasmando sensaciones y sentimientos en un papel, para resarcir el alma de tantos escritos tristes y dolorosos en que se constituyen, generalmente, las noticias cotidianas.
Los cuentos escritos por Rodolfo Piza son, en mi humilde concepto, muy buenos. Nos sirven no solo para reconocer en su autor un alma fogosa, gran cultura, manejo exquisito de imágenes y palabras, sino también para imbuirnos en realidades ajenas pero conocidas y cotidianas…
Desde Talamanca, pasando por San José, hasta el Corral de la Morería en España, los personajes y el mismísimo narrador, nos ponen al frente, sin ambages, las más variadas escenas: irónicas unas, tristes o ridículas otras, pero todas auténticas, con ese sello que solo lo imprime quien, como dice una canción de Serrat, ha permitido que la vida “lo bese en la boca”.
Para invitarlos a leer esta obra, les “tiro el gancho” con la trascripción de algunas frases:
*Padre, inició su interrogatorio. ¿Usted conoció los hechos denunciados en Confesión o fuera de ella? (“A la orilla del Telire”, primer cuento).
*No hay como tratar con gente de abolengo. Como decía mi tata, ¡la clase no se compra ni se vende, se mama! (“Manuel Piscuero y el cuento del papero”, segundo cuento).
*Era yo, maldito truhán del amor, quien temblaba de pensar que perdería la posibilidad de enamorarla y, con ello, quizás, perder la última esperanza de salir del túnel oscuro de la soledad en que estaba a punto de consumirme (“No te vayas a enamorar de mí!, tercer cuento).
Qué bueno que con TLC o sin él, en Costa Rica tenemos escritores…

Adriana Núñez Artiles
Periodista