Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 7 Junio, 2012


De cal y de arena
A quién incomoda “Universidad”


Respecto a los principios del Derecho a la Información y a la Libertad de Expresión, lo que hace el Semanario Universidad bajo la dirección de la periodista Laura Martínez y con la participación de un calificado cuadro de profesionales en comunicaciones, es brillante luminaria que ayuda a hallar la verdad entre tanta opacidad del periodismo contemporáneo. Laura ha tenido la virtud de proyectar al Semanario más allá de los linderos del claustro universitario con informaciones del acontecer en la Institución y fuera de ella, el de hoy y el de mañana, con la virtud de hacerlo sin ataduras ni compromisos con intereses ajenos a la inspiración deontológica de la profesión, con la motivación de la búsqueda de la veracidad y la preservación del equilibrio en el manejo de los elementos de la noticia.
No le ha sido fácil; a las limitaciones materiales se han sumado las presiones de los grupos con poder político afectados por ese su periodismo de investigación. Ha ido venciéndolas, también por el respaldo que le brindó la Dra. González, anterior Rectora de la UCR y, desde luego, por la indiscutible calidad de la información.
Aciertos, aportaciones, vicios y corruptelas en el desempeño de los Poderes del Estado y del régimen de las autonomías… lo del TLC, del ICE, de la CCSS, del INVU, la ARESEP, el BCIE, la trocha de la infamia.
¿Qué ha hecho mal Laura para que las nuevas autoridades universitarias anuncien que ella dirigirá el Semanario hasta diciembre a fin de dar paso a “cambios”? ¿Qué cambios? ¿Los que satisfarían a los grupos de presión deseosos de imponer un giro en la agenda de “Universidad” a tono con el interés de reducir a papel apolillado al periódico y trastocar el real sentido del Derecho a la Información y la Libertad de Prensa? ¿Ablandar los textos para que esta sociedad siga narcotizada, inerte ante la ineptitud del funcionario, la estafa política, el saqueo, la corrupción que están liquidando la democracia?
Por paradójico que parezca, aquí el ejercicio del periodismo vive amenazado no por el Estado sino por imposiciones y concepciones de grupos de poder financiero y económico que controlan grandes conglomerados de medios de comunicación también disponen de fuertes influencias y los someten a pautas ajenas a la esencia de la profesión, muy propias de la deformación mercantilista y política del periodismo.
No es el Estado la fuente de la presión que sofoca la Libertad de Información. El Estado costarricense es cauteloso a este respecto. Pero desde sus oficinas y entidades no es raro el funcionario a veces con la pauta publicitaria en mano que reprime la crítica.
En los anales del Semanario Universidad se registran incidentes de este género, vanos esfuerzos al final pues las autoridades supieron dar fe de que en sus aulas y en su periódico “se busca la verdad”, como lo pregona su escudo. No quisiera ver que los “cambios” que se anuncian tras la salida de Laura Martínez aparejen un debilitamiento de esta línea.

Alvaro Madrigal