Tras cinco décadas de evolución de la Bolsa Nacional de Valores, Costa Rica cuenta con infraestructura, tecnología, regulación y actores con experiencia y capacidades técnicas para operar en la actividad bursátil. El objetivo para el corto y mediano plazo es avanzar hacia un mercado con mayor profundidad, liquidez y competitividad, capaz de ampliar su incidencia en la economía nacional y responder a un entorno financiero cada vez más dinámico e integrado.
En esa transformación, continuar fortaleciendo el mercado secundario resulta fundamental. Una mayor capacidad de negociación de los valores favorece una formación más eficiente de precios, facilita las transacciones y genera condiciones más atractivas para los inversionistas.
A ello se suma la necesidad de contar con una mayor diversidad de actores e instrumentos. Incorporar nuevos emisores y desarrollar más opciones de inversión y acceso a capital permitiría ampliar la oferta y favorecer que un mayor número de empresas consideren la vía bursátil dentro de sus estrategias de crecimiento.
Su relevancia, además, va mucho más allá del ámbito empresarial. Para el Estado costarricense constituye también una fuente relevante de recursos y un componente de la gestión de la deuda pública.
Esta función coloca al mercado de capitales dentro de la infraestructura económica del país: permite canalizar el ahorro hacia distintos requerimientos y respaldar prioridades estratégicas para el desarrollo nacional.
“La profundidad y la liquidez del mercado no son asuntos que interesen únicamente a emisores, intermediarios o inversionistas. Tienen un efecto directo sobre la capacidad del país para acceder a fuentes de financiamiento más eficientes, diversas y sostenibles”, señaló Mario Vásquez Castilo, director general corporativo del Grupo Financiero Bolsa Nacional de Valores.
Otro elemento relevante en esta transformación es el entorno regulatorio. La Ley Reguladora del Mercado de Valores, N.° 7732, data de 1997 y sentó las bases de la estructura bajo la cual opera actualmente el mercado costarricense. Casi tres décadas después, la evolución tecnológica, la aparición de nuevos modelos de negocio y la creciente integración de los mercados financieros plantean la necesidad de continuar modernizando ese marco.
Para la Bolsa, esta evolución debe facilitar la innovación, revisar procesos que puedan limitar la participación y generar condiciones para el desarrollo de nuevos productos y alternativas que contribuyan a canalizar recursos, sin comprometer principios fundamentales como la transparencia y la protección del inversionista.
La competitividad constituye otra dimensión de este proceso. Un mercado capaz de operar con eficiencia, ofrecer productos diversos y generar condiciones atractivas para emisores e inversionistas fortalece la posición de Costa Rica dentro de los mercados de la región y amplía sus posibilidades de captar y movilizar capital.
En mercados de menor escala, la capacidad de integrarse también adquiere especial relevancia. “El relacionamiento con otras bolsas permite ampliar oportunidades para los distintos actores del mercado, pero su valor va mucho más allá del intercambio de capital: facilita compartir conocimiento, experiencias y buenas prácticas, y conocer soluciones desarrolladas en otros mercados que pueden adaptarse a nuestra realidad”, explicó Vásquez.
La vocación por desarrollar el mercado tiene antecedentes tempranos en el país. Costa Rica fue el primer país de Centroamérica en analizar, desde la década de 1940, la necesidad de crear una bolsa de valores como mecanismo para dinamizar su economía. Más de ocho décadas después de los primeros planteamientos, la discusión se concentra en cómo ampliar las capacidades de un ecosistema que opera en un entorno financiero cada vez más tecnológico, competitivo e interconectado.
Esta transformación requiere además coordinación entre reguladores, Bolsa, emisores, intermediarios, inversionistas y otros actores del ecosistema. La articulación entre estos participantes resulta clave para contribuir a una visión compartida sobre la evolución del mercado y las prioridades que deberán orientar una nueva etapa.
El desempeño del mercado de capitales costarricense estará asociado no solo con los recursos que logre canalizar, sino también con su aporte a la inversión, la productividad y la generación de nuevas oportunidades de crecimiento, elementos que marcarán su evolución durante las próximas décadas.