Mario Vásquez Castillo
Director General Corporativo
Grupo Financiero Bolsa Nacional de Valores
Cumplir cincuenta años es una oportunidad para mirar hacia atrás con orgullo, pero también para mirar hacia adelante con ambición. La Bolsa ha sido protagonista en la construcción del mercado de capitales costarricense y ha acompañado distintas etapas del desarrollo económico del país. En esta fecha tan significativa, considero oportuno reflexionar sobre uno de los factores más determinantes para el futuro del mercado: la capacidad de generar mayor liquidez y profundidad a través de un mercado secundario más dinámico y eficiente.
Cuando se habla del mercado de capitales, la atención suele centrarse en las emisiones primarias de bonos o acciones. Sin embargo, existe un componente menos visible, pero determinante: el mercado secundario. Es ahí donde los inversionistas compran y venden valores después de su emisión, generando la liquidez que permite el funcionamiento eficiente de todo el sistema financiero, la liquidez y profundidad son factores esenciales para la salud de un mercado de capitales.
La liquidez es, en esencia, confianza. Es la seguridad de que una inversión puede convertirse en efectivo cuando sea necesario. Esa confianza reduce el riesgo percibido, incentiva la participación de inversionistas y facilita que más recursos lleguen a empresas, proyectos de infraestructura e iniciativas de desarrollo sostenible. Cuando los mercados son líquidos, los precios reflejan mejor la información disponible, se distribuyen mejor los riesgos y el ahorro fluye con mayor facilidad hacia actividades que generan empleo, innovación y bienestar.
Costa Rica cuenta con un sistema financiero sólido, pero históricamente ha dependido de la intermediación bancaria. Si bien este modelo ha contribuido a la estabilidad, también ha limitado el desarrollo de fuentes alternativas de financiamiento para proyectos de largo plazo. Esta realidad se refleja en la reducida profundidad y liquidez de nuestro mercado de valores, una de las principales brechas estructurales para su crecimiento.
Fortalecer el mercado secundario representa una oportunidad estratégica para cerrar esa brecha. Un mercado más líquido atrae más inversionistas, facilita la incorporación de emisores privados, mejora la formación de precios y contribuye a reducir el costo del capital. El resultado es un círculo virtuoso donde el ahorro encuentra más alternativas de inversión y las empresas acceden a mejores condiciones para crecer y generar valor.
Además, una mayor liquidez amplía el valor agregado del mercado y fortalece su capacidad para integrarse a iniciativas regionales. Un mercado más activo atrae nuevos inversionistas, genera más análisis sobre los emisores y promueve una evaluación más profunda de sus resultados financieros, perspectivas de negocio y riesgos. Esta mayor producción de información mejora la transparencia y la formación de precios, elementos esenciales para la confianza de los inversionistas. Para una economía del tamaño de Costa Rica, estos avances no solo facilitan la integración regional y la atracción de capital, sino que también sientan las bases para el desarrollo futuro de un mercado accionario más profundo y dinámico.
La discusión no es entre banca o mercado de capitales. Ambos son complementarios. Las economías más desarrolladas se apoyan en sistemas financieros que combinan la fortaleza de la banca con mercados de capitales profundos y dinámicos.
El debate no debería centrarse en si debemos fortalecer la liquidez del mercado costarricense; eso ya es una necesidad evidente. El reto está en definir el camino, alinear voluntades y ejecutar las acciones que permitan alcanzarla. Porque un mercado secundario más líquido genera eficiencia, atrae inversión, amplía las oportunidades de financiamiento y fortalece la competitividad del país. La liquidez que construyamos hoy será el crecimiento que disfrutaremos mañana.





































