La historia de la Bolsa Nacional de Valores (BNV) es, en buena medida, parte de la historia de cómo Costa Rica construyó su mercado de capitales. Sus primeros antecedentes se remontan a la década de 1940, cuando surgieron los primeros esfuerzos por establecer una bolsa en el país. Tres décadas después, en 1970, un grupo de empresarios agrupados en la Cámara Nacional de Finanzas, Inversiones y Crédito (CANAFIC) fundó la Bolsa Nacional de Valores. Tras un proceso de organización y desarrollo de infraestructura, la institución realizó su primera sesión bursátil el 19 de agosto de 1976.
Una anécdota relatada por Adrián Hidalgo, primer gerente general de la BNV, permite dimensionar lo incipiente que era el mercado de capitales costarricense en aquellos años. Durante la visita de John F. Kennedy a Costa Rica, el presidente estadounidense le preguntó a José Francisco Orlich, presidente de Costa Rica en esa época, por la bolsa de valores del país.
La respuesta, según recuerda Hidalgo, fue tan reveladora como sencilla: “¿Cuál bolsa?”. La escena refleja el camino que todavía tenía por delante Costa Rica para construir un mercado bursátil organizado, una transformación que comenzaría a tomar forma pocos años después.
En aquel momento, contar con una bolsa representaba mucho más que crear un espacio para negociar valores. Significaba construir una vía organizada para conectar el ahorro y la inversión con las necesidades de financiamiento de empresas e instituciones.
La BNV surgió, así, como parte de un proceso más amplio de construcción de un mercado capaz de movilizar recursos dentro de la economía costarricense.
Uno de los cambios fundamentales fue la evolución del marco regulatorio. La Ley Reguladora del Mercado de Valores N.° 7732, estableció las reglas para los mercados de valores y sus participantes. Dio paso a una institucionalidad de supervisión más robusta, incluida la creación de la Superintendencia General de Valores (SUGEVAL).
A la par de la regulación, la tecnología modificó la operación bursátil. La incorporación de sistemas electrónicos, procesos estandarizados y nuevas herramientas permitió avanzar hacia un mercado con mayores niveles de transparencia, seguridad y eficiencia.
También se profesionalizaron los distintos actores que forman parte del ecosistema: emisores, inversionistas, puestos de bolsa, entidades financieras, reguladores y otras infraestructuras que hacen posible que el mercado funcione.
“Ese ecosistema es clave para entender la verdadera función económica de una bolsa. No se trata únicamente de comprar o vender valores, sino de facilitar que los recursos de los inversionistas puedan llegar a empresas, instituciones y proyectos que requieren financiamiento. En ese sentido, el mercado de capitales se convierte en un puente entre quienes tienen recursos y quienes necesitan capital para crecer, invertir o desarrollar proyectos”, indicó, Mario Vásquez Castillo, director general corporativo del Grupo Financiero Bolsa Nacional de Valores.
Esa función también ha evolucionado con las necesidades del país. Un ejemplo reciente es el primer bono social de oferta pública del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE), por un monto registrado de ₡20.000 millones, destinado a dar continuidad al Proyecto de Electrificación Rural. El caso muestra cómo los instrumentos bursátiles pueden vincular el financiamiento con necesidades concretas de desarrollo social.
La sostenibilidad es otra de las áreas en las que el mercado ha ampliado sus posibilidades. También la BNV impulsa los bonos verdes en Costa Rica, instrumentos que permiten canalizar recursos hacia proyectos relacionados con energías renovables, eficiencia energética, transporte limpio, gestión del agua y otras iniciativas ambientales. A estos se suman los bonos sociales y sostenibles, que amplían el alcance del financiamiento con impacto.
Recientemente, la innovación se ha enfocado también en modernizar procesos y fortalecer el funcionamiento del mercado. El Programa Creadores de Mercado, desarrollado junto con el Ministerio de Hacienda, busca fortalecer la liquidez y eficiencia del mercado de deuda pública. En su segunda etapa, iniciada en 2026, incorporó nuevos participantes y amplió su alcance.
Con 50 años de experiencia, el desafío para la Bolsa ya no consiste solamente en consolidar la infraestructura existente, sino en lograr que esa plataforma sea utilizada por más participantes y para una mayor variedad de necesidades.
La propia institución identifica entre sus objetivos estratégicos promover un mercado líquido y profundo, facilitar el acceso y diversificar productos y servicios.
“El aniversario, funciona como un punto de balance, pero también como una mirada hacia adelante. Costa Rica cuenta hoy con regulación, experiencia, infraestructura y tecnología que hace cinco décadas apenas comenzaban a construirse.
La siguiente tarea será convertir esa base en un mercado más profundo, dinámico y capaz de movilizar mayores recursos hacia las empresas, proyectos y sectores que impulsan el crecimiento económico del país”, concluyó Vásquez.





































