Maite Elizalde
Directora del Capítulo Costa Rica de The Business Year
maite@thebusinessyear.com
Costa Rica ha construido una sólida reputación ambiental que la distingue ante inversionistas, empresas y visitantes. El siguiente paso es convertir esa ventaja en nuevas oportunidades de negocio, desarrollando tecnologías, procesos y servicios propios. La oportunidad no consiste únicamente en exportar más, sino en generar mayor valor a partir del conocimiento y las capacidades que el país puede desarrollar.
Las cifras de comercio exterior ofrecen una base para avanzar en esa dirección. Según la Promotora del Comercio Exterior de Costa Rica (PROCOMER), las exportaciones de bienes aumentaron un 14 % en 2025. Este crecimiento es relevante, pero también plantea una pregunta: ¿cómo puede traducirse en nuevas capacidades empresariales que se extiendan al resto de la economía?
Participar en industrias sofisticadas permite a las empresas locales adquirir conocimientos, mejorar sus procesos y desarrollar nuevas competencias. Sin embargo, convertir esa experiencia en una ventaja propia requiere inversión, investigación, proveedores especializados, talento y disposición para probar nuevas soluciones. Es ahí donde se determina cuánto valor puede generar el país a partir de la inversión que recibe.
Una empresa local da un salto cualitativo cuando deja de limitarse a cumplir requisitos y comienza a participar en el diseño de soluciones. Entender mejor las necesidades de un cliente, proponer mejoras y desarrollar tecnología propia permite crear productos y servicios que pueden ofrecerse en otros mercados. Esta evolución merece tanta atención como la llegada de una nueva operación internacional.
La sostenibilidad ofrece un terreno especialmente favorable para este proceso. El agua, la energía y los materiales forman parte de las decisiones cotidianas de cualquier negocio. Utilizarlos de manera más eficiente puede reducir costos y fortalecer la continuidad operativa. A su vez, desarrollar tecnología para resolver estos desafíos puede abrir oportunidades para nuevas empresas y proveedores nacionales.
La clave está en conectar esas necesidades con la capacidad empresarial del país. Un hotel puede convertirse en el primer cliente de una solución para mejorar la eficiencia hídrica. Una empresa agroindustrial puede ofrecer oportunidades para probar nuevos usos de sus residuos. Una planta manufacturera puede colaborar con proveedores locales para aprovechar mejor sus materiales.
Para una empresa tecnológica, contar con ese primer cliente significa mucho más que conseguir una venta. Le permite demostrar que su solución funciona en condiciones reales, documentar resultados y generar confianza entre futuros compradores. Esa experiencia puede facilitar nuevos contratos y, eventualmente, la entrada en mercados internacionales.
Por ello, impulsar la innovación exige algo más que financiación, certificaciones y formación técnica. También hacen falta mecanismos que conecten problemas empresariales concretos con empresas capaces de resolverlos. Las universidades pueden contribuir con investigación y validación; las compañías, con espacios de prueba y demanda; y las instituciones públicas, con condiciones que favorezcan esa colaboración.
Esta visión también permite ampliar las oportunidades de desarrollo más allá de los principales polos industriales. En Guanacaste, por ejemplo, las necesidades de agua, energía y gestión de residuos asociadas al turismo podrían impulsar la especialización de empresas de la región. Si sus soluciones pudieran comercializarse en otros destinos, el territorio desarrollaría una actividad económica vinculada al turismo, pero con clientes también fuera de sus fronteras.
Medir el avance requiere observar qué ocurre después de una inversión. ¿Qué proveedores desarrollaron nuevas capacidades? ¿Qué procesos surgieron de la colaboración entre empresas? ¿Cuántas compañías consiguieron comercializar soluciones propias? Estas preguntas permiten evaluar no solo cuánto crece la economía, sino también cuánto conocimiento y capacidad productiva permanece en el país.
En The Business Year estamos elaborando un análisis de la inversión extranjera directa en Costa Rica que presentaremos en marzo de 2027. Este trabajo dará continuidad al estudio de los sectores, las decisiones de inversión y las condiciones que están configurando el futuro empresarial del país. Entender cómo la sostenibilidad puede impulsar la innovación será fundamental para analizar esa evolución.
Costa Rica tiene la oportunidad de aprovechar su reputación ambiental para abrir mercados a una nueva generación de empresas. El próximo salto exportador será más sólido cuando las capacidades desarrolladas en el país puedan traducirse en soluciones que otros mercados estén dispuestos a comprar. Porque competir internacionalmente no significa solo exportar más, sino también crear más valor a partir de lo que Costa Rica sabe hacer.





































