Ennio Rodríguez

Ennio Rodríguez

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Martes 29 Agosto, 2017

Visiones de futuro

La hermosa entrada, cubierta por la sombra de frondosos árboles, predispone a un ambiente especial en medio de un caluroso y húmedo mediodía en Guanacaste. A la derecha aparece el edificio de esa gran apuesta a la innovación que es Ad Astra. Estacionado al lado, el primer autobús en el país propulsado por hidrógeno. Poco después, llegamos al campus de La Flor de la Universidad EARTH.

El agro costarricense vive una crisis silenciosa desde hace décadas. Una sola cifra revela el desánimo: el Semanario Universidad publicó que la edad promedio del agricultor es de 55 años. Los jóvenes no quieren seguir los pasos de sus padres por razones de peso. La agricultura es una actividad de alto riesgo. Los excesos del clima pueden arruinar una cosecha, o desencadenar enfermedades y plagas en los cultivos debilitados por falta o exceso de agua. El cambio climático vino a agravar los riesgos. Y, si se sobreviven los riesgos de la producción, la certeza de intermediarios abusadores, termina golpeando las vulnerables finanzas de nuestros agricultores.

Los datos de productividad agropecuaria revelan una dualidad estructural: un sector con niveles de productividad y calidad que rivalizan con los mejores del mundo. Es el sector exportador y el de grandes productores que venden también en el mercado nacional. Cabe destacar que, en muchos de estos productos, existen organizaciones que han apoyado a los productores con investigación y transferencia de tecnologías y semillas, y así, en algunos casos, pequeños productores han logrado también altos niveles de productividad. Entre estas organizaciones se pueden mencionar, especialmente, ICAFE, LAICA, la Cooperativa Dos Pinos y CORBANA. Otros productos carecen de organizaciones como las mencionadas y se caracterizan por su baja productividad y ausencia de mecanismos organizados de mercadeo. La pesca también podría incluirse como otro sector con características de dualidad estructural, con los pescadores artesanales sujetos a las vicisitudes de clima e intermediarios, mientras existen otros productores cuyas tecnologías y sistemas les permiten mayor escala y lograr mejores condiciones de venta.

Pues bien, la agricultura de precisión incorpora nuevas tecnologías a pasos agigantados y, en La Flor, la EARTH ya cuenta con 58 hectáreas demostrativas en tierras propias y otro tanto en zonas circunvecinas. La agricultura de precisión permite una gestión de las parcelas sobre la base de información en cuanto a la variabilidad de suelos y condiciones para ajustar las prácticas agrícolas a las necesidades de la planta. Así, mediante información física y química de los suelos, lograda con el análisis de campo computarizado y georreferenciado se puede interpolar la información con gran nivel de detalle. Drones permiten optimizar, por ejemplo, prácticas de riego y drenaje mediante análisis de la humedad de los suelos; incluso, satélites pueden revelar información sobre la salud de plantas y árboles por variaciones de su temperatura, aun antes de que las enfermedades se manifiesten al ojo humano. Así, estas tecnologías permiten reducir el riesgo tradicionalmente asociado con la agricultura y mejorar la productividad mediante una optimización de la densidad de siembra, del uso de fertilizantes, del recurso hídrico, y cosechas automatizadas, entre otros. Es decir, la agricultura de precisión permite una mejor gestión técnica-productiva, económica y ambiental.

Estos proyectos de la EARTH cuentan con el financiamiento del Sistema de Banca de Desarrollo. Es la agricultura del futuro, la que podría atraer a jóvenes interesados en drones, programación, imágenes satelitales; en fin, las nuevas tecnologías que vienen a optimizar la producción más allá de la incertidumbre y dureza de las faenas de los agricultores de los sectores tradicionales de baja productividad.

El segundo elemento para transformar la pobreza de nuestros cantones de agricultura tradicional, sería agregar mayor valor en esas regiones mediante centros de valor agregado y romper la dependencia con los intermediarios. El tercer elemento sería fomentar modelos asociativos que faciliten la adopción de nuevas tecnologías, abaraten los insumos y organicen la comercialización. Las cooperativas son modelos idóneos en este sentido.

La pesca también podría dar el salto a pesca de precisión con las modernas tecnologías. Con drones, radares y satélites que nos permitan vigilar el riquísimo recurso de que disponemos (11 veces el territorio nacional) y desarrollar una pesca más tecnificada con nuevas escalas de producción y comercialización, también con modelos asociativos para la organización de los pequeños y medianos.

En definitiva, la EARTH y el Sistema de Banca para el Desarrollo nos están mostrando visiones de lo que puede ser el futuro en esos cantones costeros, limítrofes y apartados, hoy, los más pobres, pero que la agricultura y pesca de precisión pueden transformar y contribuir a sacar de la pobreza a mucha de nuestra población rural, sin que los jóvenes tengan que emigrar a la GAM.