Centro financiero de Shanghái a orillas del río Huangpu, todo un símbolo de la China del siglo XXI. Foto Sergi Lara
Una de las grandes estampas urbanas de China es la línea de rascacielos del distrito de Pudong en Shanghái, que para disfrutarla hay que acercarse hasta un concurrido paseo sobre el curso del río Huangpu en la parte más histórica de la ciudad, donde una combinación de estilos arquitectónicos recuerda el pasado colonial británico. Pero una vez que te pones a caminar a través de dicho paseo, la mirada se va de inmediato hacia la orilla opuesta sobre la cual se alzan los impresionantes rascacielos de la parte moderna que hoy ya son el emblema de la ciudad más poblada de China con 25 millones de habitantes. Rascacielos de entre los cuales destacan la Torre de Shanghái de 632 metros de altura, el tercer edificio más alto del mundo, y la Torre de la Perla Oriental de 468 metros de altura, la tercera torre de telecomunicaciones más alta del mundo.
Cuando cae la noche en Shanghái es muy popular montarse en algún crucero por el mismo río Huangpu que divide en dos a la ciudad, para así admirar la iluminación nocturna del majestuoso grupo de rascacielos que un poco antes se ha podido contemplar con luz natural. También es muy popular entre la tarde y la noche ascender hasta la última planta de la Torre de Shanghái para comprobar la fuerte impresión de vértigo que da estar en el tercer edificio más alto del mundo. Estos lugares que forman parte de los principales atractivos turísticos de Shanghái son el recibimiento más clásico que nos brinda esta ciudad para iniciar unos días de visita, siendo muy común cruzarse con muchos de los empresarios de otros países que se encuentran en la capital económica de China, relacionados con las más de 1.000 empresas multinacionales que tienen sede aquí. Y esta es la gran diferencia de ambiente urbano respecto a la más histórica ciudad de Beijing, la capital política de la República Popular China.
El origen de Shanghái sobre el gran delta del río Yangtsé, desde hace por lo menos un milenio ha sido un enclave bien documentado. De hecho, la raíz etimológica de la palabra compuesta “shang-hái”, vendría a significar “sobre el mar”, hoy la “ciudad sobre el mar” que en su parte más externa a orillas del Pacífico representa el mayor puerto mundial en tráfico de contenedores. Pero el proceso histórico para alcanzar el actual desarrollo y liderazgo como puerto y centro de negocios, tal como le pasó a Hong Kong, está íntimamente ligado al Imperio Británico y a la relación de éste con China desde mediados del siglo XIX. Hasta mediados del siglo XX, Shanghái continuó siendo un punto fundamental de intercambio comercial entre China y las principales potencias extranjeras, el cual se redujo considerablemente entre 1950 y 1980 a causa de la primera etapa de gobiernos de la República Popular China. A partir de 1980, la apertura económica y política de China reactivó de nuevo a Shanghái hasta la gran metrópolis y puerto que es hoy.
Crucero nocturno por el río Huangpu, disfrutando del “skyline” más espectacular de Shanghái. Foto Sergi Lara
Paradójicamente, fue en Shanghái donde en julio de 1921 se celebró la primera asamblea del Partido Comunista de China inspirado en la Revolución Rusa, dentro de un contexto de revueltas, guerras civiles y guerras mundiales que se extendieron durante toda la primera mitad del siglo XX. En el centro histórico de Shanghái, el impresionante museo que expone el proceso del comunismo chino no solo es de visita obligada como espacio museístico, también para callejear por un barrio que transmite toda una época en la que en esta parte del mundo confluían la China milenaria y la modernidad representada por el poder británico. Y aunque en los años 30 Shanghái ya era una de las mayores ciudades del mundo, han sido las últimas cinco décadas la etapa en la que su población se triplicó atrayendo a chinos de todo el país, en paralelo al crecimiento como centro industrial y financiero.
Otro de los aspectos que bien seguro han favorecido a Shanghái es su clima templado, con calor húmedo en verano y entradas de aire siberiano durante el invierno, pero que en general permite desarrollar una vida más confortable que en Beijing. Ni tan siquiera las lluvias monzónicas que suelen causar catástrofes en otras partes del mar de China, en Shanghái no han ocasionado problemas remarcables. La vida aquí, dedicada a la industria, el comercio y los negocios, pero también al entretenimiento y la cultura, ya forma parte de los principales destinos mundiales dentro del selecto grupo de capitales que expresan la modernidad humana, un puñado de metrópolis de carácter global como son Nueva York, Londres, París, Tokio y Shanghái, representantes de las mayores economías del mundo, pero también representantes del poder de unas culturas capaces de traspasar fronteras y atraer a gente de todo el planeta. El dato del PIB de Shanghái que equivale al PIB de toda Polonia es muy elocuente en este sentido.
Tanto por posición geográfica, como por su propia dinámica urbana, la ciudad de Shanghái es el mayor escaparate de China hacia el mundo, algo que Beijing no puede alcanzar, a pesar de su extraordinario patrimonio histórico y de la celebración de hasta dos Juegos Olímpicos en los últimos años que han posicionado a la capital china como otra de las grandes ciudades del mundo. En cambio, el papel de Shanghái tiene una dimensión más cosmopolita que fusiona al poder económico y al poder político de China. Mi opinión en esta comparación entre las dos principales ciudades chinas es que mientras Beijing es un inmenso museo al aire libre que muestra una civilización milenaria, Shanghái es el destino donde calibrar hacia dónde va la China del siglo XXI y su relación con el resto de los países. Un detalle final que ejemplifica esta posición es la reciente inauguración del vuelo comercial más largo del mundo que une a Shanghái con Buenos Aires haciendo escala en Nueva Zelanda. El océano Pacífico que hasta hace poco parecía un espacio bajo control de las potencias occidentales, bien seguro que pronto tendrá a otro actor destacado con sede operativa entre los rascacielos de Shanghái, pues China ya aspira a todo.


































