Repensar la deuda privada en Costa Rica
En semanas recientes diversos medios de comunicación han llamado la atención sobre el crecimiento del endeudamiento en Costa Rica. Las cifras pueden resultar inquietantes y llevar a la conclusión de que toda deuda es negativa. Sin embargo, el endeudamiento no es malo por sí mismo; se trata de una herramienta financiera completamente válida que tiene un impacto dependiendo del uso que se le dé.
La deuda permite trasladar ingresos futuros al presente, por lo que se podría decir que es una forma de “viajar en el tiempo”: la persona o empresa accede hoy a recursos que generará en los próximos años, y se compromete a devolverlos de manera ordenada pagando un costo (tasa de interés) por poderlos utilizar hoy. Bien utilizada, esta herramienta posibilita adelantar proyectos que, de otro modo, tardarían mucho más en concretarse.
Un ejemplo claro es el financiamiento de estudios. Pocas familias pueden cubrir de contado una carrera universitaria, un posgrado o una especialización técnica. El crédito educativo permite invertir en capital humano, una de las mejores inversiones que podemos hacer, mejorar las oportunidades laborales y, en el mediano plazo, incrementar el ingreso del hogar. La deuda, en este caso, se convierte en un vehículo para mejorar la productividad y el bienestar.
Algo similar ocurre con la compra de vivienda. Para la mayoría de los hogares, adquirir una casa sin financiamiento resulta imposible. El crédito hipotecario permite sustituir el pago de un alquiler por la construcción de un patrimonio propio, que en muchos casos constituye el mayor patrimonio o riqueza de esos hogares.
Los proyectos de inversión productiva y la compra de un automóvil necesario para trabajar o desplazarse pueden ser decisiones razonables de endeudamiento, siempre que estén respaldadas por un análisis responsable de capacidad de pago.
Incluso el crédito orientado a consumo mejora la calidad de vida si se realiza con moderación. La clave está en que la cuota no comprometa los gastos esenciales, que las condiciones del crédito sean claras y que exista un plan realista para cumplir con las obligaciones asumidas.
Hay otro punto muy importante en este “viaje en el tiempo”, que es la otra cara de la moneda del endeudamiento. Cada colón que una persona o empresa pide prestado proviene del ahorro de otras personas o empresas. Estas personas y empresas al ahorrar también “viajan en el tiempo”, ya que envían consumo presente a consumo futuro y son recompensados a través de la tasa de interés, o rendimientos, por resistir su impaciencia de consumir hoy.
Es decir, el ahorro de unos se transforma en la inversión de otros, con lo que se contribuye al proceso de inversión, producción, creación de empleo y generación de bienestar económico, así es como se cierra el círculo virtuoso entre ahorro e inversión.
Volviendo al tema central, el verdadero riesgo no es la deuda, sino el sobreendeudamiento: llegar a un punto en donde las cuotas absorben una proporción tan alta del ingreso que impiden cubrir necesidades básicas y generan estrés financiero. Para evitarlo, es indispensable elaborar un presupuesto, comparar alternativas de crédito, comprender la tasa de interés y el plazo, y ser honestos al evaluar nuestra capacidad de pago.
Lejos de ser únicamente una fuente de problemas, el endeudamiento, gestionado con prudencia y visión de largo plazo, puede ser un aliado para adelantar metas, financiar oportunidades y mejorar la calidad de vida.
Se trata de aprender a usar ese “viaje en el tiempo” de manera responsable, de modo que traer recursos del futuro al presente contribuya a construir un futuro mejor.




































