Ricardo Trujillo MScEE
gerencia@fibrotel.cr
Leer la noticia de que en CUBA ya se generan más de 500 megavatios al mediodía por plantas solares fotovoltaicas, me ha obligado a escribir esta nota.
He leído en todos los medios una inmensa cantidad de artículos sobre la transición energética. Pero sobre la independencia energética, tal parece que soy la única persona que escribe al respecto.
La transición e independencia energética no son la misma cosa ni tienen el mismo objetivo.
La transición energética es un proceso natural y largo, y sin límite de tiempo. Durante los últimos tres siglos hemos pasado de la energía calórica de la madera y del carbón, a la energía del petróleo y del gas natural, y estamos en una rápida transición hacia el aprovechamiento de la energía eólica, solar y mareomotriz por ser las fuentes naturales y renovables de menor costo y menor contaminación atmosférica. También hay fuertes tendencias hacia el uso de la energía nuclear, pero esta, tal parece, estará restringida solamente a las grandes potencias militares del planeta. La invasión de Irak hace 20 años y el reciente bombardeo de Irán así lo confirman.
Aquí en Costa Rica contamos con un casi infinito recurso de energía solar en casi toda la costa del Pacífico, así como de energía eólica en la zona mar adentro de Bahía Salinas, en la frontera con Nicaragua. Eso no quiere decir que el recurso energético de la caída de aguas esté agotado. Simplemente se ha encarecido por diversas razones, y entre ellas, las ambientales.
El enfoque de la transición energética, específicamente de la hidroelectricidad hacia la electricidad solar y eólica, se tiene que dar tarde o temprano, por cuanto es más económico generar electricidad con estos dos últimos recursos renovables.
Sin embargo, la independencia energética es un asunto de seria urgencia, ya que todavía dependemos en gran porcentaje de la electricidad generada con máquinas térmicas a base de búnker importado y de electricidad generada en los países vecinos a través de la línea de alta tensión del SIEPAC. Y este enorme porcentaje es mucho mayor en años de sequía, que cada vez son más frecuentes debido al cambio climático que está sufriendo el planeta. La energía importada es de altísimo costo cuando toda la región sufre de sequías, y la energía térmica es también carísima cuando el precio del petróleo se incrementa por especulación o por conflictos bélicos en Medio Oriente.
Ante esos dos casos de energías importadas a un alto precio, es que el país necesita urgentemente reducir su parque de generación térmica y las compras de electricidad de países vecinos, sustituyéndolas lo antes posible por múltiples plantas eólicas y solares distribuidas en todo el territorio nacional, a falta de nuevas líneas de transmisión de gran potencia y de capacidad limitada en subestaciones existentes o por construirse.
Hay países ecuatoriales que aprovechan el recurso energético solar sin limitaciones de ninguna índole. Entre ellos están la India, Indonesia y muchos países saharianos y subsaharianos. El frenesí de construcción de plantas solares en esos países es impresionante y demuestran su lucha por independizarse energéticamente del petróleo y gas importados.
Sin ir tan lejos, países vecinos como Guatemala, El Salvador, Honduras, Panamá y muy recientemente Nicaragua, están construyendo plantas solares fotovoltaicas a un ritmo superior al de Costa Rica.
La guerra por la independencia energética en los países vecinos y, sobre todo, en CUBA, sí es tomada muy en serio por su sociedad, a diferencia de nosotros, que ya nos creemos que somos un país de altos ingresos y que, quizás por ello, por tener dinero de sobra, no vemos la urgencia de lograr esa verdadera independencia económica.
Es por lo anterior que leo con suma desconfianza a los escritores sobre la transición energética, la cual siempre ha existido en todo el planeta a lo largo de los siglos.
La transición energética del planeta simplemente se contempla; la independencia energética de cada sociedad es una lucha por la sobrevivencia y orgullo nacional. Para mí, llegar a ser independientes energéticamente —un futuro que es muy factible— me sería de más alegría que ganarnos el Mundial de Fútbol.





































