Un interesante debate a raíz de un artículo publicado en el periódico La Nación, en el cual el economista e investigador turco Cevat Giray Aksoy, plantea una hipótesis sugestiva, según estudios realizados en coautoría: “el teletrabajo podría estar influyendo de manera positiva en el aumento de la procreación a nivel mundial”, lleva a reflexionar sobre la necesidad de desarrollar y posicionar, aún más esta nueva modalidad, la cual está irrumpiendo en los mercados laborales, de manera impensable y contundente, en cuanto a los beneficios para la humanidad.
Es que la natalidad en el mundo ha experimentado cambios significativos entre el siglo XX y el siglo XXI. Durante gran parte del siglo XX, la tasa de natalidad fue alta, los países tercermundistas, tenían tasas de natalidad que superaban los 30 nacimientos por cada 1,000 habitantes. Hoy en cambio, en la cuarta parte del siglo XXl, se está dando un descenso en la tasa de natalidad, teniendo algunos países tasas inferiores a 10 nacimientos por cada 1,000 habitantes.
En el ámbito laboral, la masa de personas trabajadoras, más calificadas con títulos universitarios y puestos gerenciales, son los que reportan más descenso de nacimientos, pues por la misma dinámica de sus obligaciones laborales, optan por controlar más sus tiempos, optando por dejar en segundo plano su vida personal y familiar. Lo cual está afectando a las seguridades sociales de los países a la hora de mantener los regímenes de salud y jubilación, a falta de recurso humano, que cotice activamente, dentro del mercado laboral vigente.
Bueno pareciera, que el teletrabajo, que se está desarrollando, con cada vez más fuerza -a pesar de la resistencia de algunos sectores- podría venir a ser la solución, para volver a tasas de fecundidad, aún del siglo pasado, al menos. Es que, según el artículo mencionado, dar a las personas una mayor flexibilidad sobre dónde trabajan se perfila como una de las formas más prometedoras y asequibles de ayudarles a tener las familias que dicen querer.
Imaginen, hacer el trabajo, desde la playa, la montaña o en otro país de ensueño, sin tener que estar todo el día, dentro de una mole de cemento, después de haber conducido aproximadamente 2 horas, bajo el sol/lluvia y el constante malabarismo ante la conducción temeraria de muchos, para llegar de manera presencial a realizar, lo mismo de siempre; cuando bien, se puede hacer y con mayor eficiencia, desde otros entornos, esto definitivamente va a provocar mayor relajación y felicidad, lo cual va a conllevar a tener mejor bienestar personal y por ende dedicarse a la satisfacción de las necesidades biológicas, como algo propio en el ser humano.
Es que, dentro del estudio realizado, entre la conciliación familiar y el trabajo, expone -el coautor Giray- que no hay nada sorprendente de llegar a la manifestación de que el teletrabajo ayuda en ir revirtiendo el fenómeno de la no procreación, por cuanto: “Trabajar desde casa reduce el tiempo de desplazamiento, facilita la gestión de los horarios escolares y las citas médicas, y da a los padres más control sobre el ritmo de su día a día. En el caso de las mujeres, en particular, puede reducir los costos profesionales de la maternidad: trabajan el mismo número de horas, pero pueden adaptar más fácilmente su horario a las necesidades del cuidado de los hijos” ( https://www.nacion.com/opinion/columnistas/el-aumento-de-la-natalidad-gracias-al-teletrabajo/3ZWNZDTHBFFB5FF2AJSEFFDFT4/story/).
Si bien, el teletrabajo -mediante criterios razonables y de equilibrio- no es una solución mágica o única para los desafíos demográficos actuales, ni para todos los problemas del mercado laboral que enfrenta y/o ante la necesidad de la conciliación familiar con la laboral, que nos dejó marcada y posicionada como prioridad número uno, la pandemia del Covid-19, dentro de la vida de cada persona trabajadora. Sin embargo, sí podría venir a representar una oportunidad para repensar la forma en que se organiza el trabajo, de aquí en adelante y la posible solución a los problemas que están padeciendo los regímenes de seguridad social, en torno a accidentes laborales, incapacidades, mantenimiento y sostenimiento de los jubilados, ante la falta de remplazo generacional.
Es que, se debe entender, que el fin mismo del transcurrir de la vida humana en sociedad, no es únicamente el de producir más bienes y riqueza, sino en construir sociedades en donde trabajar, sea un medio y no un obstáculo, para conformar familias, vivir mejor y con plenitud, dentro del globo terráqueo.





































