¿En qué condición se encuentran las personas que consumen un producto al cuál le cambiaron su fórmula para hacerlo más nutritivo?
¿Cuál es el nivel de endeudamiento y ahorro de las personas que asistieron a charlas de educación financiera?
La comunidad en la que está un centro comercial u oficentro, ¿está mejor que antes de que llegaran los nuevos "vecinos"?
Nutrición, finanzas y bienestar comunitario, son temas en los que algunas empresas de esos giros de negocio dicen que están trabajando y que en eso basan sus estrategias de sostenibilidad. Hasta aquí, buenas noticias.
Sin embargo, las organizaciones se detienen muy pocas a veces a entender, con profundidad, si eso en lo que trabajan está solucionando algo en el público al que va dirigido su proyecto, actividad o acción puntual. Y eso, no es tan buena noticia.
Si en las empresas son tan intensos preguntando por cada centavo que invierten para saber qué tanto retorno en ventas produjo, por qué no se preguntan lo mismo con sus impactos sociales y ambientales. La pregunta que siempre me hacen en estos temas siempre es la misma: ¿eso se puede hacer?
Claro que se puede hacer, es más hay que hacerlo. Hay que entender si las inversiones están generando el efecto que deseamos. Es necesario mostrar cómo se beneficia la sociedad y el medio ambiente, gracias a las acciones que realiza una empresa. ¿Para qué seguir haciendo educación financiera de la misma manera, si no sabemos si está dando resultados?, eso en lenguaje comercial y de negocios es un absurdo.
Veámoslo en mercadeo. Si un año se hizo una promoción y no llegué a las metas, es más, ni siquiera se pagó la inversión de la campaña, la mayoría de las empresas no lo repiten o hacen ajustes para volver a intentarlo y lograr los objetivos. Es lo mismo con la estrategia de sostenibilidad.
Es cierto que esta última tarda un poco más en dar resultados y no se pueden ver avances en el corto plazo, pero si desde un inicio no está clara la forma en que se va a medir el éxito entramos en el terreno de la filantropía, la cual no es mala, pero normalmente no tiene impactos en el largo plazo.
La estrategia de triple utilidad de una compañía existe para mejorar las condiciones del entorno y que este logre que la gestión empresarial se sigue dando con las mismas facilidades de siempre. No entender cómo va mejorando el entorno es gestionar una estrategia a ciegas.
La medición de los efectos (corto plazo) y los impactos (largo plazo) se vuelve crucial para entender cómo la empresa le aporta al bienestar y al desarrollo de los entornos en los que opera.
Instrumentos como el Índice de Progreso Social (IPS) o el Retorno sobre la Inversión Social (S ROI) son fundamentales en el proceso de comprender qué pasa con lo que la empresa aporta a su entorno inmediato.
La estrategia debe dedicarse a abordar aquellos impactos que la empresa genera sobre la sociedad y el medio ambiente. Lo primero, entonces, es entender cuáles son esos impactos y abordarles; pero no es correcto quedarse ahí. También es relevante poner fechas de medición y evaluación para entender el valor que se le aporta a la sociedad y al bien común. Ese, al final, es la mejor prueba de que lo que se hace es de valor para todos y le genera un retorno a la compañía.





































