Marco Arroyo Flores
Viceministrodel Área Económica y Consumidor del Ministerio de Economía, Industria y Comercio (MEIC)
Difícilmente haya quien no asigne una importancia superior a estar con buena salud. Basta tener un quebrando de ella y constatar todos los efectos que tiene en el resto de las áreas de la vida. Por eso hay que cuidarla todos los días y hacer todo lo que esté a nuestro alcance para evitar su deterioro.
Una condición necesaria para una buena salud, -aunque no la única-, se encuentra en la alimentación, en lo que consumimos o cómo lo consumimos.
Aquí es donde hace su aparición un concepto clave: la inocuidad de los alimentos, es decir, que estos no representan un daño para nuestra salud. Entonces, siendo la salud un estado tan crucial para la vida, resultaría un contrasentido -y fuera de toda lógica-, no preocuparnos por asegurarnos de que los alimentos que ingerimos reúnan las condiciones necesarias para evitar efectos perjudiciales a la salud.
Como es lo usual, todos los días ingerimos alimentos, ya sea en casa o fuera de ella, confiando en que no serán dañinos para nuestra salud. Detrás de esa confianza, hay toda una cadena de actores y procesos que garantizan que los comestibles sean seguros. Este ciclo comienza con su producción en el campo, la fábrica o la industria, continúa con su almacenamiento, distribución y termina con su preparación. En todas estas etapas es crucial asegurar la inocuidad de los alimentos.
La importancia de consumir productos en condiciones adecuadas para la salud no es un asunto menor. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada año, unos 600 millones de personas, -casi una de cada 10-, enferman por consumir alimentos contaminados y 420 000 mueren por esta causa. Imaginemos, además, los costos que representan para la seguridad social, así como para las personas afectadas.
Por eso, este 7 de junio, fecha en que se celebra el Día Mundial de la Inocuidad de los Alimentos, es una ocasión propicia para reiterar la importancia de que el Estado cuente con un Sistema Nacional para la Calidad (SNC), responsable de temas como la acreditación, la reglamentación técnica, la metrología, la normalización o la evaluación de la conformidad, aunque puedan parecernos lejanos o desconocidos.
Este sistema es posible gracias a un conjunto de entidades y espacios de articulación, bajo la rectoría del Ministerio de Economía, Industria y Comercio (MEIC), que buscan precisamente que los alimentos que consume la población sean seguros, estableciendo reglas a cumplir y realizando actividades de control y vigilancia en el mercado.
No obstante, todo este esfuerzo del Estado a favor de la salud resulta ineficaz si en la fase de preparación de los alimentos, no se toman las medidas de higiene, conservación y manipulación para evitar su contaminación. En este sentido, debemos entender que todos somos parte del SNC.
Así, el aprecio por la salud debe traducirse en un especial cuidado para que lo que consumimos no termine convirtiendo lo que debía ser una deliciosa comida en un riesgo para nuestro cuerpo.





































